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Autor del viernes

22 diciembre 2011

Para el 2012: lo importante

Fin de año. Los brindis se mezclan con los balances, muchas veces forzados en igual medida. Impera el número, hace rato, y entonces pareciera ser que las cosas hay que medirlas, cuantificarlas, para saber si valieron la pena.

No soy amigo del número, me es tan ajeno cómo la mezquindad. Hasta mis torpezas, mis errores y mis carencias, darían varios ceros a favor, en un estilo desaforado de andar los días que me da forma.

No es por acumular, más bien temo ser escaso.

Pero el impulso es fuerte, y una ceremonia cuasi genética nos empuja a darle paso. Además, la sensación de que algo termina nos acerca la idea de que algo comienza. Una nueva oportunidad, un nuevo calendario, un manojo de días que nos vuelve, una vez más, a invitar a vivir.

Y entonces, uno mira de reojo los días que pasaron, y aún sin quererlo dibuja algunas líneas de lo que cree, se viene. Sobrevuela, tímidamente, su vida.

Así fue que apareció, ofreciéndose como alquimia perfecta entre los días pasados, y los por venir. Como fuerza resultante de todos los motivos, de todos los deseos, de los sueños por cumplir y los logrados.

Mirando para atrás, y delineando un supuesto adelante, deseo para la vida de todos, que hagamos y vivamos lo importante. Que dediquemos nuestras horas a lo verdaderamente trascendente, ya sean personas, proyectos, sueños o ideales. Que no le temamos a jugarnos por lo que creemos, por quienes creemos, por lo y los que amamos, profundamente.

Que el consumo no nos consuma de una vez y para siempre, y dejemos al fin de creer que somos teniendo, que morimos si no compramos. Que la calidad de amigos sea más importante que la cantidad. Que recuperemos el valor de compartir un café o un vino, y desterremos la costumbre de ocultarnos en la mentira del ciberespacio. Que dejemos de tenerle miedo a la vida, de refugiarnos detrás de una carita feliz o una frase mordaz. Que aprendamos a tender la mano dejando huellas en el otro, que es lo que nos muestra más claramente por dónde andamos. Que al fin vivamos la vida en libertad, en paz; dejando el odio y la mezquindad, lo intrascendente y la pequeñez, para aquellos que viven sin que nada les importe. No es ése el mejor suelo sobre el que andar nuestros días.

Que en definitiva, lo importante cobre espacio en nuestra vida, que dirija nuestras horas, y que haga de nosotros lo mejor que podamos ser.

Entonces, quizás, cuando miremos para atrás, ya sea en algún otro fin de año que venga a preguntarnos quiénes somos, o en el último día de nuestra vida, podremos estar seguros, sin dar números ni hacer balances, que nuestra vida fue vivida como realmente valía la pena.

Que la pasión nos inunde y nos de forma.

De corazón, que nos encontremos todos, definitivamente, viviendo lo importante.


Jorge Navone