Indiferencia
Y todo esto, puede ser un error…

Indiferencia.
Sin-diferencia: todo me da lo mismo. No me importa nada, ni para bien ni para mal.
Según el diccionario: “Estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado”.
Nos da lo mismo. No nos importa.
Según la salud mental, “La indiferencia es a menudo una actitud neurótica, auto-defensiva, que atrinchera el yo de la persona por miedo a ser menospreciado, desconsiderado, herido, puesto en tela de juicio o ignorado.”
¿Se puede ser sanamente indiferente? ¿O siempre la indiferencia es dañina de por sí?
A veces, es una actitud que se le atribuye a los hombres sabios: ser indiferentes a la opinión de otros, a sus reclamos, mantenerse en el propio camino. No dejarnos conmover por lo que dicen, mantenernos al margen, resguardándonos.
A veces, una forma necia, casi de rebeldía adolescente, de manifestarse ante el problema del otro.
Nada me importa de lo que te pasa, no es mi problema, no es mi preocupación.
A veces, una herramienta de la conquista. Manifestar lo opuesto de lo que se siente, para generar que el otro se interese. Se busca atraer, manifestando primero indiferencia.
¿Será entonces que nos atrae la indiferencia?
¿Nos gusta aquello que nos niega?
¿Nos atrae lo que rechaza?
¿Podrá ser la indiferencia, una reacción lógica ante tanta desidia?
¿Será la única posibilidad de resguardarnos ante tanta locura?
¿Nos pretendemos indiferentes, por sentirnos lastimados?
Estamos, creo casi en silencio, lastimosa y salvajemente indiferentes, porque construimos un mundo que no resiste cotejarse (mayoritariamente) con la realidad.
¿Con qué cara que no sea la indiferencia, podríamos tirar la comida que nos sobra cada día, sabiendo de tanto hambre?¿Con qué sonrisa festejaríamos nuestra abundancia?
¿Qué enojos nos permitiríamos ante tanto dolor?
Quizás, sólo quizás, este mundo se sostenga así, únicamente, si sobrevive la indiferencia.
¿Querremos cambiarlo?
¿O estará bien así, después de todo?
Quién dijo qué
Cuando un escritor extrema sus teorías es casi siempre porque nota que la indiferencia crece a su alrededor.
José María Tallada
La democracia como el amor, puede sobrevivir a cualquier ataque, menos al abandono y a la indiferencia.
Arturo Muñoz
Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia.
Anónimo
Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.
Martin Luther King
Prefiero los errores del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría.
Jacques Anatole
La indiferencia hace sabios y la insensibilidad monstruos.
Denis Diderot
Algunos textos
Odio a los indiferentes
(fuente: http://revista-zoom.com.ar/articulo1638.html)
de Antonio Gramsci (publicado por vez primera el 11 de febrero de 1917)
“Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes.”
Del tedio a la indiferencia
de Vicente Verdú – Escritor Español
(fuente http://www.elboomeran.com/blog-post/11/3136/vicente-verdu/del-tedio-a-la-indiferencia/)
“En el horizonte del mundo moderno se eleva el sol negro del tedio”, escribía Lefebvre en su Crítica de la vida cotidiana. Sin embargo, han pasado cuarenta años y el tedio no se alza como el sentimiento que se pronosticaba como dominante. En esto tiene también razón Bégout. No es el tedio, ni tampoco la depresión, por mucho que se hable de ello, la emoción más característica de la épica. Más bien el mundo se va realizando, destruyendo, transformándose, ante una relativa indiferencia.
Ni siquiera los movimientos más comprometidos llegan a contrabalancear esta indolencia prevalente. Cualquier implicación profunda con una causa no parece en absoluto de nuestro tiempo. La flexibilidad, la volubilidad, la plasticidad, la disponibilidad, el “lastre cero”, son quienes deciden el estilo del mundo que tiende menos a la cambiar la situación como a conllevarla dentro del mayor acomodo, confort y aprovechamiento.
La vida, al fin, ha dejado de presentarse como un reto de transformación social o personal. La vida es lo que es y, en consecuencia, resulta una pérdida de oportunidades ocuparse en grandes planes de reforma trascendente. Cada cual se enfrenta a la cotidianidad como un hecho. Un hecho acabado. No estará mal protegerse, pertrecharse, instruirse en el mejor aprovechamiento y disfrute de las ofertas del sistema pero ¿afanarse para cambiar sus principios? No es tedio sino dejadez, no es cansancio sino indiferencia, no es el grito de la subversión sino el clamor del entretenimiento.
Finalmente un cuento
Suprema indiferencia
Cuento árabe
En un amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba un hombre anciano cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza. Era conocido por el nombre de Kalil, y de todos era sabido que de sus palabras parecían brotar un manantial de sabiduría.
Un día de sol, en el que el anciano se hallaba meditando bajo la sombra de una vieja higuera, se presentó, ante el umbral de su jardín, un joven que dijo:
__Amigo sabio, ¿puedo pasar?
__La puerta está abierta __respondió Kalil.
El joven, cruzando el umbral y acercándose al anciano, le dijo:
__Me llamo Maguín y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento, sin embargo tengo un gran problema: Me atormentan las críticas que se hacen de mi vida, mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los críticos de arte, y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando… Sé que eres un hombre sabio y que tu fama de sanador alcanza los horizontes más remotos. Dicen también que tus remedios son extraños, y sin embargo no me falta confianza para acudir a ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito en la defensa de mi imagen.
Kalil, mirando al joven con cierta displicencia y le dijo:
__Si quieres realmente curarte, ve al cementerio de la ciudad y procede a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y relátame lo que allí te haya sucedido.
Ante esta respuesta, Maguín se sintió claramente esperanzado en la medicina del anciano. Y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el porqué de tal remedio, se despidió y salió raudo de aquella casa.
Al día siguiente, se presentó de nuevo ante Kalil.
__Y bien, ¿fuiste al cementerio? __le pregunto éste.
__Si -contestó Maguín, en un tono algo decepcionado. __Y bien, ¿qué te contestaron los muertos?
__Pues en realidad no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos, y en realidad, ni se inmutaron.
El anciano sin variar el tono de su voz le dijo a continuación:
__Escúchame atentamente. Vas a volver nuevamente al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar.
La firmeza del sabio eliminó las dudas de la mente del joven artista por lo que despidiéndose, se retiró de inmediato.
Al día siguiente Maguín volvió a presentarse en la casa de anciano…
__¿Y bien?
__Nada __contestó Maguín en un tono muy abatido y desesperanzado.
__Durante tres horas ininterrumpidas, he articulado los elogios y elegías más hermosos acerca de sus vidas, y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días sobre al tierra, y… ¿Qué ha pasado? Nada, no pasó nada. No se inmutaron, ni respondieron. Todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo. Así que… ¿Eso es todo? __preguntó el joven con cierto escepticismo.
__Sí __contestó el viejo Kalil.
__Eso es todo… porque así debes ser tú, Magín: indiferente como un muerto a los insultos y halagos del mundo, porque el que hoy te halaga mañana te puede insultar, y quien hoy te insulta mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo.
Te invito
¿Qué pasaría si nos metemos?
¿Cómo sería, si además de leer, hablás?
Si alguien sabe cómo pienso, ¿sería peor?
¿Es malo el disentimiento? ¿O sólo es posible, cortando calles, prendiendo fuego?
Gracias Daniel Spinato por tirarme una palabra.
Los invito a dejar otras.




Propongo la palabra pasión, y me quedo, sin dudarlo, con la frase de Luther King, acaso porque como dice Gramsci, “vivir es tomar partido”. La indiferencia consciente, o peor aún, premeditada, transforma la vida en una especie de estado de coma. Discutan los que saben si éso, es vivir, abrazos, Gabriel
Pienso que la diferencia es un encuentro que posibilita sumatoriamente la accion.Soy con el otro,a partir del otro,para el otro,quien soy ,sino sin el otro?Por oposición lo igual,existe?.O será lo simil,lo que asemeja,lo que parece.
Ilusiones todas posibles de ser creadas en tanto sea esa la necesidad de un sujeto.
Estar entre iguales……Me pregunto que construcción es posible desde la mismidad?
No son acaso los actuales partidismos,sectorismos los que muestran su imposibilidad,o inutilidad o inoperancia?
En el budismo se meciona a la unicidad existencial que somos,desde la diversidad e infinitud de la individualidad.Tanto mas conocimiento de si,tanto mas aporte a la universalidad.Tanto mas disposición de uno, tanto mas aporte universal.
La tolerancia por la diferencia disuelve al yo egoico y al tu ,como una oposición.El tu cobra igualdad solo desde la aceptación de la diferencia.
Un cariño.Gachi