<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Palabra pura</title>
	<atom:link href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog</link>
	<description>Escritores, obras e ideas</description>
	<lastBuildDate>Fri, 04 May 2012 11:42:02 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.1.4</generator>
		<item>
		<title>Silvina Ocampo (1906-1993)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/05/04/silvina-ocampo-1906-1993/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/05/04/silvina-ocampo-1906-1993/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 04 May 2012 11:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=760</guid>
		<description><![CDATA[Informe del cielo y del infierno [de La furia (cuentos), 1959] A ejemplo de las grandes casa de remate, el Cielo y el Infierno contienen en sus galerías hacinamientos de objetos que no asombrarán a nadie, porque son los que hay en las casas del mundo. Pero no es bastante claro hablar sólo de objetos: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="480" height="360"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/dfM69y3OUUo?version=3&amp;hl=es_ES" /><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/v/dfM69y3OUUo?version=3&amp;hl=es_ES" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p><strong><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/05/ocampo_silvina.jpg"></a></strong></p>
<h3>Informe del cielo y del infierno</h3>
<p style="text-align: right;">[de La furia (cuentos), 1959]</p>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/05/ocampo.jpg"><img title="La furia" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/05/ocampo.jpg" alt="" width="351" height="549" /></a></p>
<p>A ejemplo de las grandes casa de remate, el Cielo y el Infierno contienen en sus galerías hacinamientos de objetos que no asombrarán a nadie, porque son los que hay en las casas del mundo. Pero no es bastante claro hablar sólo de objetos: en esas galerías también hay ciudades, pueblos, jardines, montañas, valles, soles, lunas, vientos, mares, estrellas, reflejos, temperaturas, sabores, perfumes, sonidos, pues toda suerte de sensaciones y de espectáculos nos depara la eternidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el viento ruge, para ti, como un tigre y la paloma angelical tiene, al mirar, ojos de hiena, si el hombre acicalado que cruza por la calle, está vestido de andrajos lascivos; si la rosa con títulos honoríficos, que te regalan, es un trapo desteñido y menos interesante que un gorrión; si la cara de tu mujer es un leño descascarado y furioso: tus ojos y no Dios, los creó así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando mueras, los demonios y los ángeles, que son parejamente ávidos, sabiendo que estás adormecido, un poco en este mundo y un poco en cualquier otro, llegarán disfrazados a tu lecho y, acariciando tu cabeza, te darán a elegir las cosas que preferiste a lo largo de tu vida. En una suerte de muestrario, al principio, te enseñarán las cosas elementales. Si te enseñan el sol, la luna o las estrellas, los verás en una esfera de cristal pintada, y creerás que esa esfera de cristal es el mundo; si te muestran el mar o las montañas, los verás en una piedra y creerás que esa piedra es el mar y las montañas; si te muestran un caballo, será una miniatura, pero creerás que ese caballo es un verdadero caballo. Los ángeles y los demonios distraerán tu ánimo con retratos de flores, de frutas abrillantadas y de bombones; haciéndote creer que eres todavía niño, te sentarán en una silla de manos, llamada también silla de reina o sillita de oro, y de ese modo te llevarán, con las manos entrelazadas, por aquellos corredores al centro de tu vida, donde moran tus preferencias. Ten cuidado. Si eliges más cosas del Infierno que del Cielo, irás tal vez al Cielo; de lo contrario, si eliges más cosas del Cielo que del Infierno, corres el riesgo de ir al Infierno, pues tu amor a las cosas celestiales denotará mera concupiscencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Anillos de Humo</h3>
<p style="text-align: right;">[de Las Invitadas (Cuentos) 1961]</p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/05/invitadas.jpg"><img title="invitadas" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/05/invitadas.jpg" alt="" width="173" height="250" /></a></p>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/05/invitadas.jpg"></a></p>
<p>Recuerdo el primer día que viste a Gabriel Bruno. El caminaba por la calle vestido con su traje azul, de mecánico; simultáneamente, pasó un perro negro que al cruzar la calle, fue atropellado por un automóvil. El perro, aullando porque estaba herido, corrió junto al paredón de la vieja quinta, para guarecerse. Gabriel lo ultimó a pedradas. Desdeñaste el dolor del perro para admirar la belleza de Gabriel.</p>
<p>­¡Degenerado! ­exclamaron las personas que te acompañaban.</p>
<p>Amaste su perfil y su pobreza.</p>
<p>Una tarde de Navidad, en la quinta de tu abuela, repartieron en las caballerizas (donde ya no había caballos sino automóviles), ropa y juguetes para los niños del barrio. Gabriel Bruno y una intempestiva lluvia aparecieron. Alguien dijo:</p>
<p>­Ese chico tiene quince años; no tiene edad para venir a esta fiesta. Es un sinverguenza y, además, un ladrón. El padre por cinco centavos mató al panadero. Y él mató un perro herido, a pedradas.</p>
<p>Gabriel tuvo que irse. Lo miraste hasta que desapareció bajo la lluvia.</p>
<p>Gabriel, hijo del guardabarreras que mató no sé por cuántos centavos al panadero, para ir de su casa al almacén pasaba todos los días, con la esperanza tal vez de verte, por un callejón que separaba las dos quintas: la quinta de tu tía y la quinta de tu abuela materna, donde vivías.</p>
<p>Sabías a qué hora Gabriel pasaba, galopando en su caballo oscuro, para ir al almacén o al mercado, y lo esperabas con el vestido que más te gustaba y con el pelo atado con la más bonita de las cintas. Te reclinabas sobre el alambrado en posturas románticas y lo llamabas con tus ojos. Bajaba del caballo, saltaba el zanjón para acercarse a Eulalia y a Magdalena, tus amigas, que no lo miraban. ¿Qué prestigio podía tener para ellas su pobreza? El traje de mecánico de Gabriel las obligaba a pensar en otros varones mejor vestidos.</p>
<p>Hablabas a Eulalia y a Magdalena de Gabriel Bruno el día entero, en vano. Ellas no conocían los misterios del amor.</p>
<p>Todos los días, a la hora de la siesta, corriste sola al callejón. De lejos brillaba la cinta de tu pelo como un barco de vela en miniatura o como una mariposa: la veías reflejada en la sombra. Eras la mera prolongación de tu sentimiento: el cirio que sostiene la llama. A veces, en el camino, se desataba el moño; entonces, colocando la cinta entre tus dientes, te recogías el pelo y volvías a atarlo, arrodíllada en el suelo.</p>
<p>Como tenía que haber un pretexto para que pudieras hablar con Gabriel inventaste el pretexto de los cigarrillos: llevabas plata en tu bolsillo, se la dabas a Gabriel para que fuera al almacén a comprarlos. Después fumaban, mirándose en los ojos. Gabriel sabía hacer anillos con el humo y te los soplaba en la cara. Reías. Pero estas escenas, tan parecidas a las escenas de amor, iban penetrando en tu corazón apasionado. Una vez unieron los cigarrillos para encenderlos. Otra vez encendiste un cigarrillo y se lo diste.</p>
<p>Era en el mes de enero. Jubilosas las chicharras cantaban con ruido de matraca. Cuando volviste a la casa, oíste que tu padre hablaba con tu madre. Era de ti que hablaban.</p>
<p>­Estaba en el callejón, con ese atorrante. Con el hijo del guardabarreras. ¿Te das cuenta? Con el hijo del que mató al panadero por cinco centavos. Hay que ponerla en penitencia.</p>
<p>­Son cosas de chica, no hay que hacer caso.</p>
<p>­Tiene once años ya­dijo tu madre.</p>
<p>No se atrevieron a decirte nada, pero no te dejaban salir sola. Fingías dormir la siesta y en vez de correr al callejón, después de almorzar, llorabas detrás de las persianas o del mosquitero.</p>
<p>Oíste, entre el casero y un ciclista, un diálogo insólito: hablaban de Gabriel y de ti. Dijeron que Gabriel se vanagloriaba en el almacén hablando de los cigarrillos que fumaban juntos. Decían que te había dicho palabras obscenas o con doble sentido.</p>
<p>Te escapaste a la hora de la siesta, corriste al cerco, para perder tu anillo. Gabriel pasó a la hora de siempre. Fuiste a su encuentro.</p>
<p>­Vamos ­le dijiste- a las vías del tren.</p>
<p>­¿Para qué?</p>
<p>­Se cayó mi anillo al cruzar las vías ayer cuando fui al río.</p>
<p>Verdad y mentira salían juntas de tus labios.</p>
<p>Fueron, él a caballo y tú caminando, sin hablarse. Cuando llegaron a las vías del tren, él dejó su caballo atado a un poste y tú te arrodillaste sobre las piedras.</p>
<p>­¿Dónde perdió el anillo?­te preguntó, arrodillándose a tu lado.</p>
<p>­Aquí­dijiste, apuntando el centro de los rieles.</p>
<p>­Bajaron las señales. Va a pasar el tren. Salgamos de aquí ­ exclamó con desdén.</p>
<p>­Quiero que nos suicidemos ­le dijiste.</p>
<p>Te tomó del brazo y te arrastró afuera de las vías, justo a tiempo. Las sombras, la trepidación, el viento, el silbato del tren, con mil ruedas pasaron sobre tu cuerpo.</p>
<p>Para Semana Santa, Gabriel te siguió hasta la iglesia. Lo miraste dentro del aire con incienso de la iglesia, como un pez en el agua mira un pez cuando hace el amor. Fue la última entrevista. Durante veranos sucesivos, lo imaginaste deambulando por las calles, cruzando frente a las quintas, con su traje de mecánico azul y ese prestigio que le daba la pobreza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/05/04/silvina-ocampo-1906-1993/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Osvaldo Soriano (1943-1997)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/04/20/osvaldo-soriano-1943-1997/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/04/20/osvaldo-soriano-1943-1997/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2012 12:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=752</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Giorgio Bufalini y la muerte de Venecia Hace diez años, el detective privado Giorgio Bufalini llegaba a su despacho a las ocho de la mañana. Vivía cerca del molino Stucchi, en Venecia, hasta que el año pasado andaba con los bolsillos tan arrugados que tuvo que aceptar una indemnización de dos millones de liras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/04/soriano2.jpg"><img class="size-full wp-image-753" title="Soriano" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/04/soriano2.jpg" alt="" width="392" height="400" /></a></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p><object width="480" height="360"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/kcX76R9Q-1E?version=3&amp;hl=es_ES" /><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/v/kcX76R9Q-1E?version=3&amp;hl=es_ES" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<h3 style="text-align: left;">Giorgio Bufalini y la muerte de Venecia</h3>
<p>Hace diez años, el detective privado Giorgio Bufalini llegaba a su despacho a las ocho de la mañana. Vivía cerca del molino Stucchi, en Venecia, hasta que el año pasado andaba con los bolsillos tan arrugados que tuvo que aceptar una indemnización de dos millones de liras para desalojar la casa que alquilaba desde hacía quince años.</p>
<p>&#8220;Ahora&#8211;dice, recostado en un sillón que tiene el mismo color gris de la ciudad&#8211;vivo en Spinea, tengo que tomar el vapor y nunca llego antes de las diez&#8221; . Extraña profesión la de Bufalini para una ciudad como Venecia. Su oficina está en un lugar encantador, la Calle del Cafetier, junto al Ponte de la Viste, a cincuenta metros del lugar donde los fascistas mataron a Amerigo Pocini.</p>
<p>&#8220;Hago cualquier cosa. Acepto trabajos en todo el Veneto, porque si no sería imposible vivir. Divorcios hay pocos acá porque la gente es muy tradicionalista, enemiga de los escandaletes. Me contrataron muchas veces para seguir mujeres u hombres, pero no es fácil. Esto no es Nueva York. ¿Se animaría a seguir a una mujer en el vaporetto ?&#8221;</p>
<p>No, su trabajo no parece cómodo. Seguir a alguien por las estrechas callejuelas, escudado detrás de un grupo de turistas puede ser un papelón. &#8220;Hace ocho años&#8211;recuerda Bufalini con nostalgia&#8211;, agarré a dos hombres de Turín que habían robado un collar muy caro en un negocio del Centro Histórico. Los arrinconé en el Casino. Se entregaron mansitos. Eran buenas épocas, señor&#8221;.</p>
<p>Bufalini invita a tomar cerveza en la Sala Billardi, a cuatro pasos de su oficina. En la calle hay un olor ácido que debe llegar desde el puente. El sol del otoño es, aún, demasiado caliente para la calva del detective. Se pasa un pañuelo blanco y lo guarda en un bolsillo del saco. De allí saldrán luego los arrugados billetes para pagar la cerveza. Aparenta unos 54 años y dice que vive con una muchacha de 22, &#8220;¡Bella!&#8221;, exclama, y guiña un ojo.</p>
<p>De pronto, vuelve a ponerse dramático: &#8220;Acá nos hundimos, todos, señor. La ciudad un centímetro por año, yo bastante más rápido. Mire qué paradoja: para restaurar a Venecia hacen falta 270 mil millones de liras. ¡Para levantarme a mí se necesitaría tanto menos!&#8221;.</p>
<p>Pide otra cerveza y enciende la Muratti. &#8220;Me desalojaron de la casa. Un par de millones tientan, más si uno anda rengo del bolsillo. Hasta hace cuatro años acá la vida era tranquila, había que aguantar a los turistas, pero con ellos llegaban lindas mujeres. Ahora nos están echando a todos los venecianos. Las grandes corporaciones compran los edificios y empieza la especulación&#8221;.</p>
<p>Parece deprimido, pero en un gesto de audacia traga su vaso de cerveza con los ojos grises cerrados. ¿Quién compra? &#8220;Las grandes empresas Olivetti, Pirelli, las compañias aéreas. Se trata de echar a los nativos para convertir a Venecia en una isla con palacetes para ricachones. Acá hay 49.457 unidades inmobiliarias, pero sólo viven 10.200 patrones, lo demas está alquilado. Entonces, el primer paso es echar a los inquilinos y luego vender. Gran negocio, señor, pronto van a vender hasta el agua de los canales&#8221;.</p>
<p>Domina datos, cifras, como si alguien le hulsiera encargado el trabajo. El cronista se lo dice. El sonrie. &#8220;Leo los diarios&#8211;dice&#8211;, es lo único que hago a la mañana. Vea, hace diez años el metro cuadrado de terreno acá valia 150 mil liras, ahora ya se paga 250 mil y dicen que va a subir hasta 400 mil. El Centro Histórico, acá donde estamos sentados, tiene seis mil habitantes fijos. No va a quedar nadie.</p>
<p>Paga y sale junto al enviado. Por la calle pasa una pareja de turistas y ella toma una foto del puente que incluye a Bufalini. Este sonríe: &#8220;Vaya uno a saber a dónde irá a parar ese retrato. Ya ve, acá uno no es dueño ni de su alma&#8221;. Cuando entra en la oficina levanta la cortina y mira a través de los barrotes las azoteas rojas. &#8220;Todo empezó cuando la empresa Romana Beni Stabili hizo un complejo inmobiliario moderno de cien departamentos. Sólo vendió el 30 por ciento. La gente que compra quiere las casonas, viejas por fuera y puestas a todo lujo por dentro. Hasta Marcello Mastroiani compró un departamento moderno para pasar vacaciones&#8221;.</p>
<p>Va hacia una vieja heladera, saca una manzana y empieza a mordisquearla. &#8220;Yo soy comunista. Estoy convencido que en el negocio andan todos los partidos del gobierno, como siempre. La compañía Aeritalia compró el que era Hotel Splendid y va a montar una residencia de lujo. ¿Quiénes están detrás de eso?&#8221;.</p>
<p>Por de pronto, Venecia amenaza cambiar de manos y convertirse simplemente en un complejo turístico. El gobierno obliga a restaurar, pero concede solo el cuarenta por ciento de los gastos. La mayoría de los propietarios &#8211;gente de trabajo que ha heredado sus viviendas&#8211;, no está en condiciones de cumplir las ordenanzas. Las grandes empresas, sí. Ellas compran, restauran, luego hacen su negocio.</p>
<p>Al mediodía, tres viejos músicos se guarecen bajo el toldo de un café en la Piazza San Marcos, y tocan. Los turistas no escuchan, pero toman cerveza, refrescos. Los sonidos del violín, el piano, el contrabajo, intentan piezas de moda, alegres, simples. No hay caso: el ritmo es triste, amargo y nadie aplaude. Los viejos miran a los turistas con una cierta indiferencia. Las palomas descienden sobre las mesas, picotean. Bufalini sonríe: &#8220;Napoleón dijo una vez que esta plaza era el más bello salón de Europa&#8221; De pronto cambia de expresión, mira a i musici y dice en voz baja: &#8220;Thomas Mann puso acá a su personaje porque sintió algo que nosotros sentimos siempre. Venecia es el único lugar del mundo donde se muere sin dolor. Ojalá nos dejen&#8221;.</p>
<p>____</p>
<h4><strong>Osvaldo Soriano, de &#8220;Artistas, locos y criminales&#8221;, Editorial Bruguera. © Osvaldo Soriano, 1983.</strong></h4>
<h3 style="text-align: center;"><strong>___________________________________<br />
___________________________________</strong></h3>
<h4 style="text-align: left;"><strong>Mecánicos</strong></h4>
<p>Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día. indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. A esa edad creemos que el mundo solo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales porque había pasado por el Industrial de Neuquén.<br />
Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó que haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar. A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico. Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba dibujando planos y haciendo cálculos. Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo.<br />
Yo no le hice caso pero el se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para que servían.<br />
A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tire en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller.<br />
&#8211;Sos un cabeza hueca&#8211;me decía.<br />
Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa, que le prestaba un vecino. Tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré. Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar del Plata.<br />
Me miró y dijo: &#8220;Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés&#8221;. Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura mi padre me pidió que eligiera por donde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezo a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles.<br />
Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas. A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigueñal. De vez en cuando mi viejo gritaba &#8220;jCarajo, qué mal trabajan los franceses!&#8221; y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador. El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi se pierde los tallarines gratis:<br />
&#8211;Doce&#8211; le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles . Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro.<br />
Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera. La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. Dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto Krause y un futuro conscripto de la Patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio. Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era mas atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cual pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para que con un responso lo ayudara a rehacer el embrague. Al fin, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración.<br />
Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría las verguenzas con los restos de un mantel. Mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. En el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave. Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida. Adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateo con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como una gallo de riña. Después me guiñó un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes.<br />
&#8211;Andá&#8211;me dijo&#8211;. Presentate al regimiento como mecánico, que te salvas de los bailes y las guardias.<br />
Ese año hice mas de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para el su único enemigo, grande y verdadero, había sido Perón.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/04/20/osvaldo-soriano-1943-1997/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Horacio Ferrer (1933)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/30/horacio-ferrer-1933/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/30/horacio-ferrer-1933/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Mar 2012 12:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=744</guid>
		<description><![CDATA[CREDO DE AMOR EN TANGO &#8211; Letra de Horacio Ferrer Música de Osvaldo Tarantino Compuesto en 1979 A la memoria de Hugo del Carril. Me preguntás, amor mío, pequeña mía, qué es el Tango, y yo, duende del asfalto, te digo: Creo que Tango es eso que provoca un clavel en mi solapa, cuando no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: left;"><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/439117_0.gif"><img class="size-full wp-image-745" title="Ferrer" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/439117_0.gif" alt="" width="274" height="242" /></a></h3>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<h3><span style="font-family: Calibri;">CREDO DE AMOR EN TANGO &#8211; Letra de Horacio Ferrer </span></h3>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><span style="font-family: Calibri;">Música de Osvaldo Tarantino Compuesto en 1979</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><em><span style="font-family: Calibri;">A la memoria de Hugo del Carril.</span></em></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span><span style="font-family: Calibri;">Me preguntás, amor mío, pequeña mía,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><span style="font-family: Calibri;">qué es el Tango,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><span style="font-family: Calibri;">y yo, duende del asfalto, te digo:</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Creo que Tango es eso</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">que provoca un clavel en mi solapa,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> c</span><span style="font-family: Calibri;">uando no tengo ni para claveles,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><span style="font-family: Calibri;">y voy a verte.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">En lo alto de las estaciones de tren,</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">una paloma se muere del todo</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">esperando a quien no llegó.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Creo que eso es Tango, querida.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es tanguista el gato calavera</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">que se burla de la solterona,</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">pero que no la abandona jamás.</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es Tango el timbre que suena y suena</span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">en una casa vacía,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y también hay Tango en los ojos</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">del que llamó y se va, y se va</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">con su ausencia puesta.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Creo que es Tango esa hora azul</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">en que los domingos dejan de alborotar</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y se agravan de lunes.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y esos alegrones sin motivo, viste?</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">pececitos de oro</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">en la profundidades de la vida,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">son Tango.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es Tango una cara que no reflejan</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">los espejos de los cafés.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es tangueado el son</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">de la lluvia sobre el techo,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">cuando el techo queda sólo sostenido</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">por nuestras miradas, mi amor.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Creo que el tango es un náufrago</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">en la ciudad,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">pero el náufrago de mayor aliento.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y canta Tango el agujero de mi zapato,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">ojo de presa, sí, en todas las calles</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">que guardan pasos tuyos, querida.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es Tango la modesta misa familiar</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">que daba Mamá</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">trepada a la parva de la ropa limpia,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">blanqueándola todavía más</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">con el comentario de su corazón.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Creo que es Tango</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">ese abrazo que nos dimos</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">sin saber si era el último.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es Tango la melancolía</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">de los viejecitos que destejen</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">sus vidas en las plazas.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es Tango la aurora,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">pero muy atacada de fantasmas.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es Tango un frenesí de bocinas</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">en el atardecer, cuando no me encontrás</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y me seguís buscando, amor mío.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Tango es algo que la noche va silbando</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y no está en ningún repertorio.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y es Tango la danza</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">que hará el último suspiro</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">con la postrer galantería.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Y creo que es Tango</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">cualquier síntoma de canción de cuna</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">en el día final.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Pero ahora que tu adorado rostro</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">se convierte en rosa de la memoria,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">sólo estoy seguro de que Tango</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">es como decir: te amo, te amo,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">amada mía,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">pero, por Dios, cómo te amo,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">te amo, te amo, te amo.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/Horacio-Ferrer-Amelita-Baltar-y-Astor-Piazzolla-en-1969.jpg"><img class="size-full wp-image-747 alignleft" title="Horacio Ferrer, Amelita Baltar y Astor Piazzolla en 1969" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/Horacio-Ferrer-Amelita-Baltar-y-Astor-Piazzolla-en-1969.jpg" alt="" width="410" height="610" /></a></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><strong><span style="font-family: Calibri;">Libertango &#8211; Tango 1990 &#8211; Música: Astor Piazzolla &#8211; Letra: Horacio Ferrer</span></strong></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad me ama y todo el ser le entrego.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad destranca la cárcel de mis huesos.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad se ofende si soy feliz con miedo.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad desnuda me hace el amor perfecto.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad me insiste con lo que no me atrevo.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad me quiere con lo que llevo puesto.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad me absuelve si alguna vez la pierdo</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">por cosas de la vida que a comprender no acierto.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad no cuenta los años que yo tengo,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">pastora inclaudicable de mis eternos sueños.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad me deja y soy un pobre espectro,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">mi libertad me llama y en trajes de alas vuelvo.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad comprende que yo me sienta preso</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">de los errores míos sin arrepentimiento.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad quisieran el astro sin asueto</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y el átomo cautivo, ser libre ¡qué misterio!</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Ser libre. Ya en su vientre mi madre me decía</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">“ser libre no se compra ni es dádiva o favor”.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Yo vivo del hermoso secreto de esta orgía:</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">si polvo fui y al polvo iré, soy polvo de alegría</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y en leche de alma preño mi libertad en flor.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">De niño la adoré, deseándola crecí,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">mi libertad, mujer de tiempo y luz,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">la quiero hasta el dolor y hasta la soledad.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad me sueña con mis amados muertos,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">mi libertad adora a los que en vida quiero.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad me dice, de cuando en vez, por dentro,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">que somos tan felices como deseamos serlo.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad conoce al que mató y al cuervo</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">que ahoga y atormenta la libertad del bueno.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad se infarta de hipócritas y necios,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">mi libertad trasnocha con santos y bohemios.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad es tango de par en par abierto</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y es blues y es cueca y choro, danzón y romancero.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad es tango, juglar de pueblo en pueblo,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y es murga y sinfonía y es coro en blanco y negro</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertad es tango que baila en diez mil puertos</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">y es rock, malambo y salmo y es ópera y flamenco.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">Mi libertango es libre, poeta y callejero,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">tan viejo como el mundo, tan simple como un credo.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">De niño la adoré, deseándola crecí,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">mi libertad, mujer de tiempo y luz,</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri;">la quiero hasta el dolor y hasta la soledad.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/Horacio-Ferrer-Amelita-Baltar-y-Astor-Piazzolla-en-1969.jpg"></a></span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/30/horacio-ferrer-1933/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Carta abierta de un escritor a la Junta Militar &#8211; de Rodolfo Walsh</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/23/carta-abierta-de-un-escritor-a-la-junta-militar-de-rodolfo-walsh/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/23/carta-abierta-de-un-escritor-a-la-junta-militar-de-rodolfo-walsh/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 12:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=737</guid>
		<description><![CDATA[El 27 de Marzo de 1977, el escritor y periodista Rodolfo Walsh, al cumplirse un año de la atroz dictadura que destruía el país, difunde clandestinamente su &#8220;Carta abierta&#8221;. Al día siguiente, es asesinado cuando se resiste a entregarse a los militares que lo emboscaron. 1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;">El 27 de Marzo de 1977, el escritor y periodista Rodolfo Walsh, al cumplirse un año de la atroz dictadura que destruía el país, difunde clandestinamente su &#8220;Carta abierta&#8221;. </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;">Al día siguiente, es asesinado cuando se resiste a entregarse a los militares que lo emboscaron.</span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> <a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/rodolfo_walsh.jpg"><img title="Rodolfo Walsh" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/rodolfo_walsh.jpg" alt="" width="119" height="146" /></a><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/rodolfo_walsh.jpg"></a></span></p>
<p><strong>1.</strong> La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.</p>
<p>El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.</p>
<p>El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.</p>
<p>Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese &#8220;ser nacional&#8221; que ustedes invocan tan a menudo.</p>
<p>Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.</p>
<p><strong>2.</strong> Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.</p>
<p>Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. (1)</p>
<p>Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.</p>
<p>De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.</p>
<p>La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el &#8220;submarino&#8221;, el soplete de las actualizaciones contemporáneas. (2)</p>
<p>Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.</p>
<p><strong>3</strong>. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.</p>
<p>Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.</p>
<p>Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.</p>
<p>Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de &#8220;cuenta-cadáveres&#8221; que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.</p>
<p>El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos. (3)</p>
<p>Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.</p>
<p>Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor. (4)</p>
<p>El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.</p>
<p><strong>4.</strong> Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas. (5)</p>
<p>Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, &#8220;con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles&#8221; según su autopsia.</p>
<p>Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron. (6)</p>
<p>Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.</p>
<p>En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces dc atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea (7), sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre &#8220;violencias de distintos signos&#8221; ni el árbitro justo entre &#8220;dos terrorismos&#8221;, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte. (8)</p>
<p>La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay. (9)</p>
<p>La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.</p>
<p>Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de &#8220;Prensa Libre&#8221; Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.</p>
<p>A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: &#8220;La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal&#8221;. (10)</p>
<p><strong>5.</strong> Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.</p>
<p>En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar (11), resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.</p>
<p>Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisioncs internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% (12) prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron. (13)</p>
<p>Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la &#8220;racionalización&#8221;.</p>
<p>Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subtérráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.</p>
<p>Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar &#8220;el país&#8221;, han sido ustedes más afortutunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.</p>
<p>Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.</p>
<p><strong>6.</strong> Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.</p>
<p>Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: &#8220;Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos&#8221;. (14)</p>
<p>El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el &#8220;festín de los corruptos&#8221;.</p>
<p>Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideologia que amenaza al ser nacional.</p>
<p>Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.</p>
<p>Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.</p>
<p>Rodolfo Walsh. &#8211; C.I. 2845022</p>
<p>Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<hr size="1" noshade="noshade" />
<p><sup>1</sup> Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos detenidos y de &#8220;liberados&#8221; que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.</p>
<p><sup>2</sup> El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: &#8220;Picana en Ios brazos, las manos, los muslos, cerca de Ia boca cada vez que lloraba o rezaba&#8230; Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba&#8221;.</p>
<p><sup>3</sup> &#8220;Cadena Informativa&#8221;, mensaje Nro. 4, febrero de 1977.</p>
<p><sup>4</sup> Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: &#8220;El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Angel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fuga informó el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este úItimo había sido castigado al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga&#8221;.</p>
<p><sup>5</sup> En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la información periodística era incompleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios. 100. Total: 4.000.</p>
<p><sup>6</sup> Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.</p>
<p><sup>7</sup> &#8220;Programa&#8221; dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.</p>
<p><sup>8</sup> El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por &#8220;La Opinión&#8221; el 3-10-76 admitió que &#8220;el terrorismo de derecha no es tal&#8221; sino &#8220;un anticuerpo&#8221;.</p>
<p><sup>9</sup> El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El cadáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de &#8220;simular&#8221; su secuestro.</p>
<p><sup>10</sup> Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según &#8220;La Razón&#8221; del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.</p>
<p><sup>11</sup> Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aún más.</p>
<p><sup>12</sup> Diario &#8220;Clarín&#8221;.</p>
<p><sup>13</sup> Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.</p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><sup>14</sup> Prensa Libre, 16-12-76.</p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Calibri; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/23/carta-abierta-de-un-escritor-a-la-junta-militar-de-rodolfo-walsh/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mempo Giardinelli (1947)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/16/mempo-giardinelli-1947/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/16/mempo-giardinelli-1947/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Mar 2012 12:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=730</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Zapatos &#160; Mamá está furiosa con papá porque a papá no le gustan los zapatos que ella usa, y dice que lo que él le hizo hoy es algo que no le piensa perdonar mientras viva ni después de muerta. Cualquiera podría acordar con papá en que lo que hizo es una pavada, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/giardinelli2.jpg"><img class="size-full wp-image-731" title="Giardinelli" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/giardinelli2.jpg" alt="" width="190" height="115" /></a></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<h3>Zapatos</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mamá está furiosa con papá porque a papá no le gustan los zapatos que ella  usa, y dice que lo que él le hizo hoy es algo que no le piensa perdonar mientras viva ni después de muerta.</p>
<p>Cualquiera podría acordar con papá en que lo que hizo es una pavada, pero entre ellos el episodio devino en una cuestión capital, definitiva, porque el rencor de mamá es de jíbaro, un resentimiento de tragedia shakesperiana y de perro del hortelano, como dice Tía Etelvina cuando la ve así, porque dice (Tía Etelvina) que mamá, enojada, sólo tiene camino de ida y se pone de tal manera que no perdona ni deja perdonar.</p>
<p>Mamá tiene unos pies muy lindos, preciosos y parejitos, sin callos y con los dedos como repulgue de empanaditas, y en eso todo el mundo está de acuerdo. Por eso mismo, dice papá, es un crimen que use zapatos tan feos. Yo no sé qué te da por ponerte esos zapatones horribles, grandes, cerrados y que además hacen ruido, dice papá. Y encima,  inexplicablemente, producen un  crujidito horrible al caminar pero que no se puede ni mencionar porque vos jamás aceptás una crítica. Lo que pasa es que tus críticas jamás son constructivas, dice mamá. Lo que pasa es que te ponés hecha una fiera, dice papá. Y al cabo mamá le grita que en todo caso es un defecto de nacimiento y mejor no te metás con mis defectos, estoy harta de que me critiques, harta de que me juzgues, y harta de esta vida que llevamos porque yo me merezco otra cosa (que es lo que mamá dice siempre). Y como no hay manera de pararla papá se calla la boca y ella sigue diciendo todo lo demás que es capaz de decir, que es muchísimo y es feroz.</p>
<p>A mamá no se le puede pedir discreción en nada. Y tampoco tiene un gran sentido del humor. Cuando eran más jóvenes él le sugería que usara zapatillas, total, bromeaba, yo te voy a querer igual. Pero ella, en todo su derecho, se compraba los zapatos que le gustaban y usaba los que quería, y siempre protestando que yo no sé por qué los hombres tienen esa manía de pretender dirigir la vestimenta de las mujeres: cuando la conocen a una se enganchan por las ropas audaces pero cuando nos tienen enganchadas quieren que andemos como monjas y guay de una si se pone minifalda o se le ve un cacho de teta.</p>
<p>Guaranga como es ella, vehemente y fulminadora con la mirada, ni en chiste se le puede hablar de lo que no le gusta. Eso ya lo sabemos. Por eso lo que hizo papá este sábado a la tarde, aunque suene a pavada, fue demasiado: no había nadie de la familia en la casa, y él aprovechó para juntar todos los zapatos de mamá, como diez o doce pares, viejos y nuevos, y los metió en una bolsa y llamó a Juanita, que es la muchacha que trabaja en la casa ayudando en las tareas porque aunque no somos ricos tenemos sirvienta cama afuera, como quien dice, y le dijo tome Juanita, me ordenó la señora que se los regale.</p>
<p>Y le entregó la bolsa con todos los zapatos, que Juanita, chocha, se llevó a su casa.</p>
<p>Por supuesto, y como era de esperar, mamá se dio cuenta esa misma noche, en cuanto llegó y se quitó las botas que llevaba puestas y buscó las sandalias de entrecasa. Descubrió el ropero vacío de zapatos y fue todo uno gritar desde el dormitorio: &#8220;¡Titino qué hiciste con mis zapatos!&#8221; y salir a torearlo.</p>
<p>Papá estaba de lo más divertido y le dijo la verdad: se los regalé todos a Juanita. Lo que ipso facto desató en mamá una verborrea de lo peor: lo trató de tano bruto, comunista nostálgico y hasta le dijo nazi antisemita hijo de puta y después se fue a contarle a todo el mundo, empezando por la abuela y la Tía Etelvina, que este hombre cuando está aburrido es un peligro, por qué no se meterá sólo en lo suyo y ahora va a ver cuánto le va a salir la cuenta de la zapatería.</p>
<p>A mí hay dos cosas que me revientan de ellos dos: la incapacidad de aceptar los comentarios ajenos que tiene mamá; y esa manía de querer cambiar a la gente que tiene papá.</p>
<p>Pero es inútil, con ellos. La Tía Etelvina dice que a gente así lo mejor es ignorarla. Y yo creo que tiene razón. Pero cuando son los papás de uno no se puede.</p>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/ta.jpg"></a></p>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/ta.jpg"><img title="Pais" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/ta.jpg" alt="" width="90" height="138" /></a></p>
<h3>San La Muerte</h3>
<p>Carmelo ha salido de la cárcel y lo primero que hace es ir al Belén. Se sienta a una mesa y recostado contra la pared mira cómo unos chicos juegan al billar. Doce años de prisión efectiva. Lo condenaron a cadena perpetua pero salió por buena conducta. Doce años.</p>
<p>Está flaco y demacrado. Bebe un whisky con soda y hielo, como si fuera un néctar del Paraíso. Sonríe y saluda de cabeza a los pocos que lo reconocen.</p>
<p>Se acerca uno y se sienta junto a él. Luego otro. Al ratito son varios los que lo rodean. En silencio, como cuando hablan los evangelistas y las mujeres y los niños miran al pastor.</p>
<p>Carmelo empieza a hablar de esa pequeña calavera de pie que tiene una azada en la mano derecha y cuya asistencia es siempre milagrosa, protectora. Todos recuerdan la tradición popular correntina de San La Muerte, pero ninguno asiente ni contradice; parecen subgerentes sumisos ante el patrón: simplemente lo miran —ceños fruncidos, comisuras caídas— y nadie lo interrumpe.</p>
<p>Un tipo, en Corrientes —cuenta Carmelo— un día fabrica con todo esmero y a punta de cuchillo un santito de hueso humano, muy pequeño, milimétrico. De hueso humano debe ser, dice, porque así el santito es más efectivo. Infalible. Así manda la tradición. Luego el hombre se lo mete bajo la piel, aquí —y se toca el bícep— y adopta la costumbre de hablar frotándose el brazo izquierdo, cabulero, convocatorio de su suerte. A quien pregunta por qué se le responde que es para que “las balas no le entren a la persona”.</p>
<p>Carmelo hace silencio y sorbe del vaso. Paladea. Come una rodaja de salamín y un cuadradito de queso. Un pedacito de pan. Todo lentamente, parsimonioso, se diría que solemne. Después un trago de whisky.</p>
<p>Y se relame educadamente y se limpia con la servilleta de papel.</p>
<p>En el Belén no vuela ni una mosca. Ni que fuera domingo y pasaran un partido de Chaco For Ever por la tele.</p>
<p>Hasta que un día —vuelve a hablar Carmelo— este hombre advierte que su mujer también se frota el brazo cuando habla. Y es que también se ha injertado un minúsculo San La Muerte bajo la piel.</p>
<p>Esa noche, al acostarse, el hombre le pregunta por qué, y ella responde:</p>
<p>—Para que la debilidad del amor no le venza a mi persona.</p>
<p>Carmelo dice que él escuchó esa conversación entre sus padres. Asiente con la cabeza, como respondiendo preguntas de un diálogo imaginario.</p>
<p>Todos lo miran. Ya conocen el final de la historia, si es que tuvo final.</p>
<p>Carmelo vuelve a asentir con la vista perdida en la vidriera sucia y cagada de moscas, tras la que pasa un carro desvencijado, ruidoso.</p>
<p>—Pero la debilidad le venció a ella —dice, como para sí—, y a él le entraron las balas.</p>
<p>Luego se levanta, agarra un taco de la pared y se dirige a una mesa en la que nadie juega. Antes de intentar la primera carambola se arremanga la camisa. Todos ven que Carmelo ya no tiene santito en los brazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/16/mempo-giardinelli-1947/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Un fenómeno inexplicable &#8211; de Leopoldo Lugones (1784-1938)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/09/un-fenomeno-inexplicable-de-leopoldo-lugones-1784-1938/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/09/un-fenomeno-inexplicable-de-leopoldo-lugones-1784-1938/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 09 Mar 2012 12:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=724</guid>
		<description><![CDATA[Hace de esto once años. Viajaba por la región agrícola en que se dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las recomendaciones indispensables para escapar a las horribles posadas de aquellas colonias en formación. Mi estómago, derrotado por los invariables salpicones con hinojo y las fatales nueces del postre, exigía fundamentales [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/409px-Leopoldo_Lugones.jpg"><img class="size-full wp-image-725" title="Leopoldo Lugones" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/03/409px-Leopoldo_Lugones.jpg" alt="" width="409" height="600" /></a></p>
<p>Hace de esto once años. Viajaba por la región agrícola en que se dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las recomendaciones indispensables para escapar a las horribles posadas de aquellas colonias en formación. Mi estómago, derrotado por los invariables salpicones con hinojo y las fatales nueces del postre, exigía fundamentales refacciones. Mi última peregrinación debía efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie sabía indicarme un albergue en la población hacia donde iba a dirigirme. Sin embargo, las circunstancias apremiaban, cuando el juez de paz que me profesaba cierta simpatía vino en mi auxilio.</p>
<p>—Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo y solo. Posee una casa, lo mejor de la colonia, y varios terrenos de no escaso valor. Algunos servicios que mi cargo me puso en situación de prestarle serán buen pretexto para la recomendación que usted desea, y que si es eficaz le proporcionará excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi hombre, no obstante sus buenas cualidades, suele tener su luna en ciertas ocasiones, siendo, además, extraordinariamente reservado. Nadie ha podido penetrar en su casa más allá del dormitorio donde instala a sus huéspedes, muy escasos por otra parte. Todo esto quiere decir que va usted en condiciones nada ventajosas, pero es cuanto puedo suministrarle. El éxito es puramente casual. Con todo, si usted quiere una carta de recomendación&#8230;</p>
<p>Acepté y emprendí acto continuo mi viaje, llegando al punto de destino horas después.</p>
<p>Nada tenía de atrayente el lugar. La estación con su techo de tejas coloradas; su andén crujiente de carbonilla, su semáforo a la derecha, su pozo a la izquierda. En la doble vía del frente, media docena de vagones que aguardaban la cosecha. Más allá el galpón, bloqueado por bolsas de trigo. A raíz del terraplén, la pampa con su color amarillento como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque diseminadas a lo lejos, cada una con su parva al costado; sobre el horizonte el festón de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica enormidad entonando el color rural del paisaje.</p>
<p>Aquello era vulgarmente simétrico como todas las fundaciones recientes. Notábanse rayas de mensura en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos colonos llegaban a la estafeta en busca de cartas. Pregunté a uno por la casa consabida, obteniendo inmediatamente las señas. Noté en el modo de referirse a mi huésped que se lo tenía por hombre considerable.</p>
<p>No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras más allá, hacia el oeste, al extremo de un camino polvoroso que con la tarde tomaba coloraciones lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa, de cierta gallardía exótica entre las viviendas circundantes; su jardín al frente; el patio interior rodeado por una pared tras la cual sobresalían ramas de duraznero. El conjunto era agradable y fresco; pero todo parecía deshabitado.</p>
<p>En el silencio de la tarde, allá sobre la campiña desierta, aquella casita, no obstante su aspecto de chalet industrioso, tenía una especie de triste dulzura, algo de sepulcro nuevo en el emplazamiento de un antiguo cementerio.</p>
<p>Cuando llegué a la verja, noté que en el jardín había rosas, rosas de otoño, cuyo perfume aliviaba como una caridad la fatigosa exhalación de las trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con la mano crecía libremente la hierba; y una pala cubierta de óxido yacía contra la pared, con su cabo enteramente liado por una guía de enredadera.</p>
<p>Empujé la puerta de reja, atravesé el jardín, y no sin cierta impresión vaga de temor fui a golpear la puerta interna. Pasaron minutos. El viento se puso a silbar en una rendija, agravando la soledad. A un segundo llamado, sentí pasos; y poco después la puerta se abría, con un ruido de madera reseca. El dueño de casa apareció saludándome.</p>
<p>Presenté mi carta. Mientras leía, pude observarlo a mis anchas. Cabeza elevada y calva, rostro afeitado de clergyman, labios generosos, nariz austera. Debía de ser un tanto místico. Sus protuberancias supercialiares equilibraban, con una recta expresión de tendencias impulsivas, el desdén imperioso de su mentón. Definido por sus inclinaciones profesionales, aquel hombre podía ser lo mismo un militar que un misionero. Hubiera deseado mirar sus manos para completar mi impresión, mas sólo podía verlas por el dorso.</p>
<p>Enterado de la carta, me invitó a pasar, y todo el resto de mi permanencia, hasta la hora de comer, quedó ocupado por mis arreglos personales. En la mesa fue donde empecé a notar algo extraño.</p>
<p>Mientras comíamos, advertí que, no obstante su perfecta cortesía, algo preocupaba a mi interlocutor. Su mirada, invariablemente dirigida hacia un ángulo de la habitación, manifestaba cierta angustia; pero como su sombra daba precisamente en ese punto, mis miradas furtivas nada pudieron descubrir. Por lo demás, bien podía no ser aquello sino una distracción habitual.</p>
<p>La conversación seguía en tono bastante animado, sin embargo. Tratábase del cólera que por entonces azotaba los pueblos cercanos. Mi huésped era homeópata, y no disimulaba su satisfacción por haber encontrado en mí uno del gremio. A este propósito, cierta frase del diálogo hizo variar su tendencia. La acción de las dosis reducidas acababa de sugerirme un argumento que me apresuré a exponer.</p>
<p>—La influencia que sobre el péndulo de Rutter —dije concluyendo una frase— ejerce la proximidad de cualquier substancia, no depende de la cantidad. Un glóbulo homeopático determina oscilaciones iguales a las que produciría una dosis quinientas o mil veces mayor.</p>
<p>Advertí al momento que acababa de interesarse con mi observación. El dueño de casa me miraba ahora.</p>
<p>—Sin embargo —respondió— Reichenbach ha contestado negativamente esa prueba. Supongo que ha leído usted a Reichenbach.</p>
<p>—Lo he leído, sí; he atendido sus críticas, he ensayado, y mi aparato, confirmando a Rutter, me ha demostrado que el error procedía del sabio alemán, no del inglés. La causa de semejante error es sencillísima, tanto que me sorprende cómo no dio con ella el ilustre descubridor de la parafina y de la creosota.</p>
<p>Aquí, sonrisa de mi huésped: prueba terminante de que nos entendíamos.</p>
<p>—¿Usó usted el primitivo péndulo de Rutter, o el perfeccionado por el doctor Leger?</p>
<p>—El segundo, respondí.</p>
<p>—Es mejor. ¿Y cuál sería, según sus investigaciones, la causa del error de Reichenbach?</p>
<p>—Esta: los sensitivos con que operaba influían sobre el aparato, sugestionándose por la cantidad del cuerpo estudiado. Si la oscilación provocada por un escrúpulo de magnesia, supongamos, alcanzaba una amplitud de cuatro líneas, las ideas corrientes sobre la relación entre causa y efecto exigían que la oscilación aumentara en proporción con la cantidad: diez gramos, por ejemplo. Los sensitivos del barón eran individuos nada versados, por lo común, en especulaciones científicas; y quienes practican experiencias así saben cuán poderosamente influyen sobre tales personas las ideas tenidas por verdaderas, sobre todo si son lógicas. Aquí está, pues, la causa del error. El péndulo no obedece a la cantidad, sino a la naturaleza del cuerpo estudiado solamente; pero cuando el sensitivo cree que la cantidad mayor influye, aumenta el efecto, pues toda creencia es una volición. Un péndulo, ante el cual el sujeto opera sin conocer las variaciones de cantidad, confirma a Rutter. Desaparecida la alucinación&#8230;</p>
<p>—Oh, ya tenemos aquí la alucinación —dijo mi interlocutor con manifiesto desagrado.</p>
<p>—No soy de los que explican todo por la alucinación, a lo menos confundiéndola con la subjetividad, como frecuentemente ocurre. La alucinación es para mí una fuerza, más que un estado de ánimo, y así considerada, se explica por medio de ella buena porción de fenómenos. Creo que es la doctrina justa.</p>
<p>—Desgraciadamente es falsa. Mire usted, yo conocí a Home, el medium, en Londres, allá por 1872. Seguí luego con vivo interés las experiencias de Crookes, bajo un criterio radicalmente materialista; pero la evidencia se me impuso con motivo de los fenómenos del 74. La alucinación no basta para explicarlo todo. Créame usted, las apariciones son autónomas&#8230;</p>
<p>—Permítame una pequeña digresión —interrumpí, encontrando en aquellos recuerdos una oportunidad para comprobar mis deducciones sobre el personaje—: quiero hacerle una pregunta, que no exige desde luego contestación, si es indiscreta. ¿Ha sido usted militar?&#8230;</p>
<p>—Poco tiempo; llegué a subteniente del ejército de la India.</p>
<p>—Por cierto, la India sería para usted un campo de curiosos estudios.</p>
<p>—No; la guerra cerraba el camino del Tíbet a donde hubiese querido llegar. Fui hasta Cawnpore, nada más. Por motivos de salud, regresé muy luego a Inglaterra; de Inglaterra pasé a Chile en 1879; y por último a este país en 1888.</p>
<p>—¿Enfermó usted en la India?</p>
<p>—Sí —respondió con tristeza el antiguo militar, clavando nuevamente sus ojos en el rincón del aposento.</p>
<p>—¿El cólera?&#8230; —insistí.</p>
<p>Apoyó él la cabeza en la mano izquierda, miró por sobre mí, vagamente. Su pulgar comenzó a moverse entre los ralos cabellos de la nuca. Comprendí que iba a hacerme una confidencia de la cual eran prólogo aquellos ademanes, y esperé. Afuera chirriaba un grillo en la oscuridad.</p>
<p>—Fue algo peor todavía —comenzó mi huésped—. Fue el misterio. Pronto hará cuarenta años y nadie lo ha sabido hasta ahora. ¿Para qué decirlo? No lo hubieran entendido, creyéndome loco por lo menos. No soy un triste, soy un desesperado. Mi mujer falleció hace ocho años, ignorando el mal que me devoraba, y afortunadamente no he tenido hijos. Encuentro en usted por primera vez un hombre capaz de comprenderme.</p>
<p>Me incliné agradecido.</p>
<p>—¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre, sin capilla y sin academia! Y no obstante, está usted todavía en los umbrales. Los fluidos ódicos de Reichenbach no son más que el prólogo. El caso que va usted a conocer le revelará hasta dónde puede llegarse.</p>
<p>El narrador se conmovía. Mezclaba frases inglesas a su castellano un tanto gramatical. Los incisos adquirían una tendencia imperiosa, una plenitud rítmica extraña en aquel acento extranjero.</p>
<p>—En febrero de 1858 —continuó— fue cuando perdí toda mi alegría. Habrá usted oído hablar de los yoghis, los singulares mendigos cuya vida se comparte entre el espionaje y la taumaturgia. Los viajeros han popularizado sus hazañas, que sería inútil repetir. Pero, ¿sabe en qué consiste la base de sus poderes?</p>
<p>—Creo que en la facultad de producir cuando quieren el autosonambulismo, volviéndose de tal modo insensibles, videntes&#8230;</p>
<p>—Es exacto. Pues bien, yo vi operar a los yoghis en condiciones que imposibilitaban toda superchería. Llegué hasta fotografiar las escenas, y la placa reprodujo todo, tal cual yo lo había visto. La alucinación resultaba, así, imposible, pues los ingredientes químicos no se alucinan&#8230; Entonces quise desarrollar idénticos poderes. He sido siempre audaz, y luego no estaba entonces en situación de apreciar las consecuencias. Puse, pues, manos a la obra.</p>
<p>—¿Por cuál método?</p>
<p>Sin responderme, continuó:</p>
<p>—Los resultados fueron sorprendentes. En poco tiempo llegué a dormir. Al cabo de dos años producía la traslación consciente. Pero aquellas prácticas me habían llevado al colmo de la inquietud. Me sentía espantosamente desamparado, y con la seguridad de una cosa adversa mezclada a mi vida como un veneno. Al mismo tiempo, devorábame la curiosidad. Estaba en la pendiente y ya no podía detenerme. Por una continua tensión de voluntad, conseguía salvar las apariencias ante el mundo. Mas, poco a poco, el poder despertado en mí se volvía más rebelde&#8230; Una distracción prolongada ocasionaba el desdoblamiento. Sentía mi personalidad fuera de mí, mi cuerpo venía a ser algo así como una afirmación del no yo, diré expresando concretamente aquel estado. Como las impresiones se avivaban, produciéndome angustiosa lucidez, resolví una noche ver a mi doble. Ver qué era lo que salía de mí, siendo yo mismo, durante el sueño extático.</p>
<p>—¿Y pudo conseguirlo?</p>
<p>—Fue una tarde, casi de noche ya. El desprendimiento se produjo con la facilidad acostumbrada. Cuando recobré la conciencia, ante mí, en un rincón del aposento, había una forma. Y esa forma era un mono, un horrible animal que me miraba fijamente. Desde entonces no se aparta de mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. A donde quiera él va, voy conmigo, con él. Está siempre ahí. Me mira constantemente, pero no se le acerca jamás, no se mueve jamás, no me muevo jamás&#8230;</p>
<p>Subrayo los pronombres trocados en la última frase, tal como la oí. Una sincera aflicción me embargaba. Aquel hombre padecía, en efecto, una sugestión atroz.</p>
<p>—Cálmese usted —le dije, aparentando confianza—. La reintegración no es imposible.</p>
<p>—¡Oh, sí! —respondió con amargura—. Esto es ya viejo. Figúrese usted, he perdido el concepto de la unidad. Sé que dos y dos son cuatro, por recuerdo; pero ya no lo siento. El más sencillo problema de aritmética carece de sentido para mí, pues me falta la convicción de la cantidad. Y todavía sufro cosas más raras. Cuando me tomo una mano con la otra, por ejemplo, siento que aquélla es distinta, como si perteneciera a otra persona que no soy yo. A veces veo las cosas dobles, porque cada ojo procede sin relación con el otro&#8230;</p>
<p>Era, a no dudarlo, un caso curioso de locura, que no excluía el más perfecto raciocinio.</p>
<p>—Pero en fin, ¿ese mono?&#8230;, pregunté para agotar el asunto.</p>
<p>—Es negro como mi propia sombra, y melancólico al lado de un hombre. La descripción es exacta, porque lo estoy viendo ahora mismo. Su estatura es mediana, su cara como todas las caras de mono. Pero siento, no obstante, que se parece a mí. Hablo con entero dominio de mí mismo. ¡Ese animal se parece a mí!</p>
<p>Aquel hombre, en efecto, estaba sereno; y sin embargo, la idea de una cara simiesca formaba tan violento contraste con su rostro de aventajado ángulo facial, su cráneo elevado y su nariz recta, que la incredulidad se imponía por esta circunstancia, más aún que por lo absurdo de la alucinación.</p>
<p>Él notó perfectamente mi estado; púsose de pie como adoptando una resolución definitiva:</p>
<p>—Voy a caminar por este cuarto, para que usted lo vea. Observe mi sombra, se lo ruego.</p>
<p>Levantó la luz de la lámpara, hizo rodar la mesa hasta un extremo del comedor y comenzó a pasearse. Entonces, la más grande de las sorpresas me embargó. ¡La sombra de aquel sujeto no se movía! Proyectada sobre el rincón, de la cintura arriba, y con la parte inferior sobre el piso de madera clara, parecía una membrana, alargándose y acortándose según la mayor o menor proximidad de su dueño. No podía yo notar desplazamiento alguno bajo las incidencias de luz en que a cada momento se encontraba el hombre.</p>
<p>Alarmado al suponerme víctima de tamaña locura, resolví desimpresionarme y ver si hacía algo parecido con mi huésped, por medio de un experimento decisivo. Pedíle que me dejara obtener su silueta pasando un lápiz sobre el perfil de la sombra.</p>
<p>Concedido el permiso, fijé un papel con cuatro migas de pan mojado hasta conseguir la más perfecta adherencia posible a la pared, y de manera que la sombra del rostro quedase en el centro mismo de la hoja. Quería, como se ve, probar por la identidad del perfil entre la cara y su sombra (esto saltaba a la vista, pero el alucinado sostenía lo contrario) el origen de dicha sombra, con intención de explicar luego su inmovilidad asegurándome una base exacta.</p>
<p>Mentiría si dijera que mis dedos no temblaron un poco al posarse en la mancha sombría, que por lo demás diseñaba perfectamente el perfil de mi interlocutor; pero afirmo con entera certeza que el pulso no me falló en el trazado. Hice la línea sin levantar la mano, con un lápiz Hardtmuth azul, y no despegué la hoja concluido que hube, hasta no hallarme convencido por una escrupulosa observación, de que mi trazo coincidía perfectamente con el perfil de la sombra, y éste con el de la cara del alucinado.</p>
<p>Mi huésped seguía la experiencia con inmenso interés. Cuando me aproximé a la mesa, vi temblar sus manos de emoción contenida. El corazón me palpitaba, como presintiendo un infausto desenlace.</p>
<p>—No mire usted —dije.</p>
<p>—¡Miraré! —me respondió con un acento tan imperioso, que a pesar mío puse el papel ante la luz.</p>
<p>Ambos palidecimos de una manera horrible. Allí ante nuestros ojos, la raya de lápiz trazaba una frente deprimida, una nariz chata, un hocico bestial. ¡El mono! ¡La cosa maldita!</p>
<p>Y conste que yo no sé dibujar.</p>
<p>(1906)</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/09/un-fenomeno-inexplicable-de-leopoldo-lugones-1784-1938/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Osvaldo Bayer (1927)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/02/osvaldo-bayer-1927/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/02/osvaldo-bayer-1927/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 02 Mar 2012 12:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=716</guid>
		<description><![CDATA[&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; L A H I S T O R I A N O P E R D O N A La historia no perdona, el tiempo va clarificando indefectiblemente. Acabo de volver de Puerto San Julián, la pequeña y nostálgica ciudad patagónica. Allí hablamos sobre su historia y me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/02/bayer.bmp"><img class="size-full wp-image-718 alignleft" title="Osvaldo Bayer" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2012/02/bayer.bmp" alt="" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>L A   H I S T O R I A   N O   P E R D O N A</h3>
<p style="text-align: left;">La historia no perdona, el tiempo va clarificando indefectiblemente. Acabo de volver de Puerto San Julián, la pequeña y nostálgica ciudad patagónica. Allí hablamos sobre su historia y me hicieron conocer la iniciativa popular de hacer un homenaje a Albino Argüelles, ya sea con un monumento que lo recuerde o con el nombre de una calle. Albino Argüelles fue secretario general de la Sociedad Obrera de San Julián, herrero de oficio y afiliado al Partido Socialista. Fue quien organizó las columnas de peones rurales patagónicos en la huelga de 1921, en la cual se pedían mínimas mejoras en las condiciones de trabajo. Cuando llegó la tropa represora del capitán Elbio O. Anaya, les pidió parlamento a los dirigentes huelguistas, los apresó y luego de hacerlos castigar duramente ordenó su fusilamiento. En el recuerdo, Albino Argüelles quedó como un hombre limpio, responsable, que no abandonó en ningún momento a los hombres de campo. Era considerado el más inteligente de todos los dirigentes obreros. Su muerte fue un asesinato vil y disfrazado por el capitán Anaya en su parte militar como &#8220;muerto mientras trataba de huir&#8221;. La acostumbrada ley de fugas que en tiempos más actuales se convirtió en &#8220;desaparición&#8221; de personas. De concretarse este homenaje San Julián sería la tercera población que reivindique a los protagonistas de esas huelgas épicas de hace setenta años. Río Gallegos reivindicó a Antonio Soto, poniendo su nombre a una calle, y la localidad de Gobernador Gregores tiene una escuela con el nombre del legendario entrerriano José Font, llamado por la paisanada Facón Grande. La única iniciativa que no pudo ser concretada fue la de propiciar en las escuelas de Santa Cruz la lectura de La Patagonia Rebelde, que describe las heroicas huelgas y su cruel represión. La iniciativa fue votada por unanimidad de los bloques de la Legislatura -menos el voto en contra de la legisladora radical Sureda, hija de un represor- pero fue vetada por el gobernador peronista Puricelli, hoy ultramenemista y funcionario del gobierno nacional. La medida represiva sólo logró aumentar el interés de los patagónicos sobre su historia tan negra y escondida. La alegría obtenida en San Julián continuó a mi regreso a Buenos Aires cuando se me informó que había sido promulgada la ordenanza que fija el día 30 de abril en la Capital como &#8220;Día del Coraje Civil&#8221;. El proyecto del concejal Eduardo Jozami -un nombre para recordar- fue votado por todos los bloques menos por el menemismo. Y como no podía ser de otra manera, es un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo que justo el 30 de abril de 1977 salieron a la calle a pedir por sus hijos desaparecidos. En Holanda, en España, hay nombres de plazas y calles con ese título de orgullo para los argentinos: Madres de Plaza de Mayo. Pero aquí siguió el miedo: los jueves a las 15:30, todos lo pueden constatar cuando pasa gente que mira para otro lado durante la marcha de esas heroínas. Es que los &#8220;indiferentes&#8221; no quieren tener memoria, no quieren acordarse cuando murmuraban el clásico &#8220;por algo será&#8221; o el &#8220;viejas locas&#8221;, el título de honor que les dio nuestro valiente general argentino Albano Harguindeguy desde las protegidas ventanas de la Casa de Gobierno.</p>
<p style="text-align: left;">Pero hasta en esta promulgación que nos llena de orgullo hubo el gesto mezquino, estreñido, del intendente Domínguez. La viveza ramplona consistió en dejar pasar el 30 de abril de este año -cuando la hubiera podido aprobar ya el 26 de ese mes-, de manera de no tener así que embanderar los edificios públicos en homenaje a esas luchadoras incansables. No la pudo vetar porque el coraje que les sobra a las Madres le falta precisamente a este señor que vaya a saber qué problema tiene de conciencia sobre su conducta ciudadana del pasado o por el sólo hecho de jamás haber acompañado a las Madres en su lucha noble y altruista. No podemos dejar de recordar las humillaciones que sufrieron las Madres en los años del oprobio, amén del asesinato de tres de ellas en manos de los marinos de Massera y Astiz. Hasta las crónicas de la dictadura no ahorraban burlas y mofas contra estas mujeres que eran todo valor y valentía. Por ejemplo, aquella del 15/6/78 de Noticias Argentinas que decía: &#8220;Medio centenar de mujeres que afirman ser madres, esposas o novias de ciudadanos desaparecidos desfilaban ayer en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, bajo una pertinaz llovizna y ante un compacto y heterogéneo grupo de periodistas extranjeros venidos a la Argentina para informar sobre el Campeonato Mundial de Fútbol. Varias decenas de personas comentaban animadamente el episodio en corrillos formados en el centro de la Plaza de Mayo y la mayoría de las expresiones estaban destinadas a criticar a los manifestantes y a los periodistas. Un señor maduro y bien vestido comentó refiriéndose despectivamente a los periodistas extranjeros que &#8216;si quieren filmar manifestaciones en su país les rompen las cámaras, acá no sólo lo pueden hacer libremente sino que después salen diciendo barbaridades.&#8217; Muchos, acostumbrados a la presencia de las mujeres comentaron despectivamente &#8216;Otra vez las locas de los desaparecidos&#8217;&#8221;. Y el 23/6/78: &#8220;En cierto momento las madres discutieron airadamente con algunos de los presentes que les reprocharon &#8216;no haber dado una enseñanza a sus hijos que desaparecieron o están bajo tierra, justamente porque no eran ningunos angelitos&#8217;. La presencia de los periodistas extranjeros también fue motivo de algunas voces de censura como que &#8216;no debían prestarse a desprestigiar al país con mentiras o infundios y menos haciéndose eco de lo que dicen estas mujeres que están locas&#8217;. Cuando la manifestación se disolvió tres individuos de mediana edad, bien vestidos, que instaban a los presentes a gritar &#8216;Argentina, Argentina&#8217; a la vez que tildaron de &#8216;brasileños&#8217; a los que no lo hicieron, se alejaron del lugar en un automóvil Ford Falcon. Casi al mismo tiempo, una de las madres estalló en una crisis de nervios y llanto pero un jovencito de 24 años le gritó: &#8216;No venga a llorar aquí en Plaza de Mayo, vaya a llorar a Luján&#8217;. Un holandés se acercó a la mujer y le entregó una flor. &#8216;No ven que esto es un teatro bien orquestado&#8217;, dijo un hombre de unos 50 años que había estado en todos los corrillos demostrando contra las manifestaciones. El holandés dijo que hay que consolar a los que sufren. Una transeúnte al escucharlo se largó a reír diciéndole: &#8216;Aquí no sufre nadie. Somos finalistas y estamos todos contentos. Lo que pasa es que el domingo vamos a reventar a todos los holandeses&#8217;. Y así, en medio de risas del público, el holandés se retiró&#8221;. Y en la crónica de dicha agencia -publicada en El Día de La Plata del 30/6/78- se lee el repudio de &#8220;un señor de mediana edad, ante un periodista de la NBC de Estados Unidos, exclamó indignado: &#8216;Estos vienen aquí a sacar la basura. ¿Por qué no van a filmar a los miles de homosexuales que desfilan es su país cotidianamente?&#8217;&#8221;. Apenas pocas semanas después el obispo argentino Octavio Dersi, rector de la Universidad Católica, afirmaba: &#8220;Conozco que países como Estados Unidos y otros de Europa reprochan a Latinoamérica la violación de derechos humanos y ellos tienen violaciones mayores legitimando el aborto. Pocos hablan de esa violaciones, como tampoco de las que se comenten en Cuba o en los países comunistas. No se ve una acción contra ellos pero sí contra la Argentina donde el país se ha defendido frente a la violencia y la guerrilla&#8221;.</p>
<p style="text-align: left;">Tres reacciones parecidas: la del señor que habla de los homosexuales; la del obispo que ve un crimen mayor en el aborto que en la desaparición y la tortura, y la del intendente Domínguez, que les roba a las Madres unos días para que no se festeje este año el &#8220;Día del Coraje Civil&#8221;. Pero si ellas triunfaron sobre los represores, ¿cómo no le van a hacer frente a estas mezquindades?</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
<h3>El santo de Ushuaia</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&#8220;Mil y mil veces maldita, tierra aborrecida del crimen, del sufrimiento y del sicario. Bajo el azote helado de tus huracanes gime el hombre; la angustia roe las almas de las víctimas; los abnegados, los Radowitzky, agonizan, mártires de la chusma del máuser, y, sobre el hórrido concierto de sollozos se oye siniestra la carcajada del verdugo.&#8221;</p>
<p style="text-align: left;">Así comenzaba un volante del diario anarquista La Protesta, para el 1º de Mayo de 1918, el Día de los Trabajadores. Estoy en Ushuaia, en el edificio del antiguo penal, y hablo sobre Simón Radowitzky ante una concurrencia formada principalmente por gente joven. Nunca hubiera soñado antes que iba a tener esa posibilidad. En los años setenta publiqué un libro que se titulaba Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?, que fue a parar a la hoguera de la dictadura de los Videla y Massera. ¿Quién era ese Simón Radowitzky que había sido una figura legendaria del movimiento obrero en las tres primeras décadas de este siglo y que había pasado veintiún años de su vida en la cárcel, la mayoría de ellos en el penal de Ushuaia, una de las páginas más negras de la historia penal del género humano de la cual tendríamos que avergonzarnos los argentinos? Y que se mantuvo no sólo durante el gobierno de los conservadores liberales sino también durante los tres gobiernos primeros del radicalismo. Los que más cantaron a Simón Radowitzky, llamado el &#8220;mártir de Ushuaia&#8221; fueron los payadores criollos en los mitines y asambleas obreras.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>&#8220;Traigo aquí para Simón</p>
<p>este manojo de flores,</p>
<p>del jardín de los dolores</p>
<p>del alma y del corazón:</p>
<p>traigo para aquel varón</p>
<p>valiente y decidido,</p>
<p>este manojo que ha sido</p>
<p>hecho con fibras del alma,</p>
<p>en un momento sin calma</p>
<p>de rebelde convencido.&#8221;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así cantaba el payador Manlio por la década del veinte.</p>
<p>Es que Simón había corporizado la violencia de abajo al matar de un preciso bombazo al jefe de policía coronel Ramón L. Falcón después que éste reprimió brutalmente la manifestación obrera del 1º de Mayo de 1909. Ese día ocurrirá la más grande tragedia obrera hasta ese momento de nuestra historia social. La policía montada al mando del comisario Jolly Medrano, después de que sonara el clarinazo de ataque ordenado por el propio coronel Falcón, se lanza sobre las columnas obreras en la Plaza Lorea. Parece una estampa de la Rusia imperial cuando los cosacos atacaban concentraciones de famélicos proletarios en San Petersburgo o en Moscú. En la historia de las represiones obreras, la del coronel Falcón quedó como una de las más cobardes y alevosas. En un primer momento se cuentan treinta y seis charcos de sangre. Para explicar el drama, el militar traerá el argumento que todavía hoy se emplea en la Argentina: le echa la culpa a los &#8220;agitadores&#8221;. Seguirán días de paro general proclamado por la FORA que tendrá un desarrollo muy violento. Esos días continuará la brutal represión y se seguirán sumando los muertos. Los obreros no se rinden porque:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8220;Los tiempos ya terminaron</p>
<p>en que hubo feudales bravos</p>
<p>que agarraban a los esclavos</p>
<p>y fiero los azotaron</p>
<p>¡Hoy no! Ya se rebelaron,</p>
<p>Y ese hombre hoy, febril y ardiente</p>
<p>cuando ve que un prepotente</p>
<p>burgués quiere maltratarlo:</p>
<p>cara a cara ha de mirarlo,</p>
<p>cuerpo a cuerpo y frente a frente!&#8221;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así fue. Ese joven judío de apenas 18 años, obrero metalúrgico, esperará al coronel Falcón y pondrá fin a la vida del orgulloso militar que era todo un símbolo para los hombres de uniforme: Falcón había sido el cadete número uno recibido en el Colegio Militar creado por Sarmiento. Simón trata de suicidarse pero es capturado, condenado a muerte y luego, como es menor de edad, a prisión perpetua a cumplir en el penal de Ushuaia, con el agravante de que cada año, en oportunidad de cumplirse cada aniversario de su atentado contra Falcón &#8220;deberá ser llevado a reclusión solitaria a pan y agua durante veinte días&#8221;, como dirá la sentencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la prisión, sólo comparable con la de la Isla del Diablo, Radowitzky se convertirá en el &#8220;mártir de la anarquía&#8221;. Será un místico de la resistencia y del altruismo con los demás presos. Protagonizará una huida legendaria a través de los canales fueguinos hasta que es capturado por un buque de guerra chileno y entregado a los carceleros argentinos. Todos los castigos inimaginables serán entonces para él. Aunque enfermo de tuberculosis, el clima del extremo sur y el aislamiento no lo amedrentan y sigue siendo el defensor de los demás presos para quienes Simón es una personalidad mística y al que admiran casi con respeto religioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus compañeros de ideas de todo el país no lo abandonaron en ningún momento. Miles de mitines y su nombre siempre en la primera página de sus publicaciones. Hasta que en 1930, Yrigoyen firmará el indulto. Pero el gobierno radical no se aguanta al carismático atentador en territorio argentino y lo expulsa al Uruguay. Allí será detenido y poco después soportará presidio en la isla de Flores. Hasta que en 1936, ya en libertad, marchará a la Guerra Civil Española a luchar contra el fascismo de Franco. Morirá en México en 1956 mientras trabajaba de obrero en una fábrica de juguetes, el mejor oficio que puede tener un ser humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me paseo por las celdas del presidio de Ushuaia, cuarenta años después de la muerte del &#8220;santo de la anarquía&#8221;. Los muros del oprobio. Oprobio que años después se iba a trasladar a los dominios de otros carceleros con uniforme militar: los campos de concentración de los Bussi, los Menéndez, los Camps. Pienso en estos verdugos cuando atravieso el portón de salida del ex presidio austral. Y me consuela un pensamiento que me asalta en ese momento. Esos tres, jamás tuvieron juglares criollos que les cantaran. De Radowitzky quedan los recuerdos de esas coplas del auténtico pueblo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8220;Simón, la fe no desmaya</p>
<p>y el pueblo sí que resiste</p>
<p>te ha de sacar, Radowitzky,</p>
<p>de las mazmorras de Ushuaia.&#8221;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Bibliografía</h3>
<p>&#8220;Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia&#8221;. Ensayo. Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1970.</p>
<p>&#8220;La Patagonia rebelde&#8221; (tomos I y II). Ensayo. Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1972.</p>
<p>&#8220;La Patagonia rebelde&#8221; (tomo III). Ensayo. Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1974.</p>
<p>&#8220;Los anarquistas expropiadores y otros ensayos&#8221;. Ensayo. Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1975.</p>
<p>&#8220;La Patagonia rebelde&#8221; (tomo IV). Ensayo. Osvaldo Bayer, 1975, Berlín (Alemania).</p>
<p>&#8220;Exilio&#8221;. Ensayo. Osvaldo Bayer y Juan Gelman, editorial Legasa, Buenos Aires, 1984.</p>
<p>&#8220;Fútbol argentino&#8221;. Ensayo. Osvaldo Bayer, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1990.</p>
<p>&#8220;Rebeldía y esperanza&#8221;. Ensayo. Osvaldo Bayer, Grupo Editorial Zeta, Buenos Aires, 1993.</p>
<p>&#8220;Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia&#8221; (reedición). Ensayo. Osvaldo Bayer, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1998.</p>
<p>&#8220;En camino al paraíso&#8221;. Ensayo. Osvaldo Bayer, editorial Vergara, Buenos Aires, 1999.</p>
<p>&#8220;Rainer y Minou&#8221;. Novela. Osvaldo Bayer, Editorial Planeta, Buenos Aires, 2001.</p>
<p>&#8220;Obras Completas&#8221;, Página 12, Buenos Aires (2009)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2012/03/02/osvaldo-bayer-1927/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Para el 2012: lo importante</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/12/22/para-el-2012-lo-importante/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/12/22/para-el-2012-lo-importante/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 17:31:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=704</guid>
		<description><![CDATA[Fin de año. Los brindis se mezclan con los balances, muchas veces forzados en igual medida. Impera el número, hace rato, y entonces pareciera ser que las cosas hay que medirlas, cuantificarlas, para saber si valieron la pena. No soy amigo del número, me es tan ajeno cómo la mezquindad. Hasta mis torpezas, mis errores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/felicidades3.gif"><img title="Muchas Felicidades" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/felicidades3.gif" alt="" width="500" height="234" /></a><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/felicidades2.gif"></a><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/12/felicidades2.gif"></a></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Fin de año. Los brindis se mezclan con los balances, muchas veces forzados en igual medida. Impera el número, hace rato, y entonces pareciera ser que las cosas hay que medirlas, cuantificarlas, para saber si valieron la pena.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">No soy amigo del número, me es tan ajeno cómo la mezquindad. Hasta mis torpezas, mis errores y mis carencias, darían varios ceros a favor, en un estilo desaforado de andar los días que me da forma. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">No es por acumular, más bien temo ser escaso.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Pero el impulso es fuerte, y una ceremonia cuasi genética nos empuja a darle paso. Además, la sensación de que algo termina nos acerca la idea de que algo comienza. Una nueva oportunidad, un nuevo calendario, un manojo de días que nos vuelve, una vez más, a invitar a vivir. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Y entonces, uno mira de reojo los días que pasaron, y aún sin quererlo dibuja algunas líneas de lo que cree, se viene. Sobrevuela, tímidamente, su vida.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Así fue que apareció, ofreciéndose como alquimia perfecta entre los días pasados, y los por venir. Como fuerza resultante de todos los motivos, de todos los deseos, de los sueños por cumplir y los logrados.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Mirando para atrás, y delineando un supuesto adelante, deseo para la vida de todos, que hagamos y vivamos lo importante. Que dediquemos nuestras horas a lo verdaderamente trascendente, ya sean personas, proyectos, sueños o ideales. Que no le temamos a jugarnos por lo que creemos, por quienes creemos, por lo y los que amamos, profundamente.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Que el consumo no nos consuma de una vez y para siempre, y dejemos al fin de creer que somos teniendo, que morimos si no compramos. Que la calidad de amigos sea más importante que la cantidad. Que recuperemos el valor de compartir un café o un vino, y desterremos la costumbre de ocultarnos en la mentira del ciberespacio. Que dejemos de tenerle miedo a la vida, de refugiarnos detrás de una carita feliz o una frase mordaz. Que aprendamos a tender la mano dejando huellas en el otro, que es lo que nos muestra más claramente por dónde andamos. Que al fin vivamos la vida en libertad, en paz; dejando el odio y la mezquindad, lo intrascendente y la pequeñez, para aquellos que viven sin que nada les importe. No es ése el mejor suelo sobre el que andar nuestros días.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Que en definitiva, lo importante cobre espacio en nuestra vida, que dirija nuestras horas, y que haga de nosotros lo mejor que podamos ser.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Entonces, quizás, cuando miremos para atrás, ya sea en algún otro fin de año que venga a preguntarnos quiénes somos, o en el último día de nuestra vida, podremos estar seguros, sin dar números ni hacer balances, que nuestra vida fue vivida como realmente valía la pena.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">Que la pasión nos inunde y nos de forma.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">De corazón, que nos encontremos todos, definitivamente, viviendo lo importante. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><br />
<strong>Jorge Navone<br />
</strong></span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/12/22/para-el-2012-lo-importante/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Macedonio Fernández (1874-1952)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/12/02/macedonio-fernandez/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/12/02/macedonio-fernandez/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 02 Dec 2011 12:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=687</guid>
		<description><![CDATA[El zapallo que era cosmos Érase un zapallo creciendo solitario en ricas tierras del Chaco. Favorecido por una zona excepcional que le daba de todo, criado con libertad y sin remedios fue desarrollándose con el agua natural y la luz solar en condiciones óptimas, como una verdadera esperanza de la Vida. Su historia íntima nos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/MacedonioFernandez.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-688" title="MacedonioFernandez" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/MacedonioFernandez.jpg" alt="" width="200" height="268" /></a></h3>
<p><strong>El zapallo que era cosmos</strong></p>
<p>Érase un zapallo creciendo solitario en ricas tierras del Chaco. Favorecido por una zona excepcional que le daba de todo, criado con libertad y sin remedios fue desarrollándose con el agua natural y la luz solar en condiciones óptimas, como una verdadera esperanza de la Vida. Su historia íntima nos cuenta que iba alimentándose a expensas de las plantas más débiles de su contorno, darwinianamente; siento tener que decirlo, haciéndolo antipático. Pero la historia externa es la que nos interesa, ésa que sólo podrían relatar los azorados habitantes del Chaco que iban a verse envueltos en la pulpa zapallar, absorbidos por sus poderosas raíces.</p>
<p>La primera noticia que se tuvo de su existencia fue la de los sonoros crujidos del simple natural crecimiento. Los primeros colonos que lo vieron habrían de espantarse, pues ya entonces pesaría varias toneladas y aumentaba de volumen instante a instante. Ya medía una legua de diámetro cuando llegaron los primeros hacheros mandados por las autoridades para seccionarle el tronco, ya de doscientos metros de circunferencia; los obreros desistían más que por la fatiga de la labor por los ruidos espeluznantes de ciertos movimientos de equilibración, impuestos por la inestabilidad de su volumen que crecía por saltos.</p>
<p>Cundía el pavor. Es imposible ahora aproximársele, porque se hace el vacío en su entorno, mientras las raíces imposibles de cortar siguen creciendo. En la desesperación de vérselo venir encima, se piensa en sujetarlo con cables. En vano. Comienza a divisarse desde Montevideo, desde donde se divisa pronto lo irregular nuestro, como nosotros desde aquí observamos lo inestable de Europa. Ya se apresta a saberse el Río de la Plata.</p>
<p>Como no hay tiempo de reunir una conferencia panamericana -Ginebra y las cancillerías europeas están advertidas-, cada uno discurre y propone lo eficaz. ¿Lucha, conciliación, suscitación de un sentimiento piadoso en el Zapallo, súplica, armisticio? Se piensa en hacer crecer otro zapallo en el Japón, mimándolo para apresurar al máximo su prosperación, hasta que se encuentren y se entredestruyan, sin que, empero, ninguno sobrezapalle al otro. ¿Y el ejército?</p>
<p>Opiniones de los científicos; qué pensaron los niños, encantados seguramente; emociones de las señoras; indignación de un procurador, entusiasmo de un agrimensor y de un toma-medidas de sastrería; indumentaria para el Zapallo; una cocinera que se le planta delante y lo examina, retirándose una legua por día; un serrucho que siente su nada. ¿Y Einstein?; frente a la facultad de medicina alguien que insinúa: ¿purgarlo? Todas estas primeras chanzas habían cesado. Llegaba demasiado urgente el momento en que lo que más convenía era mudarse adentro. Bastante ridículo y humillante es el meterse en él con precipitación, aunque se olvide el reloj o el sombrero en alguna parte y apagando previamente el cigarrillo, porque ya no va quedando mundo fuera del zapallo.</p>
<p>A medida que crece es más rápido su ritmo de dilación; no bien es una cosa ya es otra; no ha alcanzado la figura de un buque que ya parece una isla. Sus poros ya tienen cinco metros de diámetro, ya veinte, ya cincuenta. Parece presentir que todavía el cosmos podría producir un cataclismo para perderlo, un maremoto o una hendidura de América. ¿No preferirá, por amor propio, estallar, astillarse, antes de ser metido dentro de un Zapallo? Para verlo crecer volamos en avión; es una cordillera flotando sobre el mar. Los hombres son absorbidos como moscas; los coreanos, en la antípoda, se santiguan y saben su suerte es cuestión de horas.</p>
<p>El Cosmos desata, en el paroxismo, el combate final. Despeña formidables tempestades, radiaciones insospechadas, temblores de tierra, quizá reservados desde su origen por si tuviera que luchar con otro mundo.</p>
<p>&#8220;¡Cuidaos de toda célula que ande cerca de vosotros! ¡Basta que una de ellas encuentre su todocomodidad de vivir!! ¿Por qué no se nos advirtió? El alma de cada célula dice despacito: &#8220;yo quiero apoderarme de todo el ‘stock’, de toda la ‘existencia en plaza’ de Materia, llenar el espacio, y, tal vez, los espacios siderales; yo puedo ser el Individuo-Universo, la Persona Inmortal del Mundo, el latido único&#8221;. Nosotros no la escuchamos ¡y nos hallamos en la inminencia de un Mundo de Zapallo, con los hombres, las ciudades y las almas dentro!</p>
<p>¿Que puede herirlo ya? Es cuestión de que el Zapallo se sirva sus últimos apetitos para su sosiego final. Apenas le faltan Australia y Polinesia.</p>
<p>Perros que no vivían más que quince años, zapallos que apenas resistían uno y hombres que raramente llegaban a los cien… ¡Así es la sorpresa! Decíamos: es un monstruo que no puede durar. Y aquí nos tenéis adentro. ¿Nacer y morir para nacer y morir…?, se habrá dicho el Zapallo: ¡oh, ya no! El escorpión, cuando se siente inhábil o en inferioridad se pica a sí mismo y se aniquila, parte al instante al depósito de la vida escorpiónica para su nueva esperanza de perduración; se envenena sólo para que le den vida nueva. ¿Por qué no configurar el Escorpión, el Pino, la Lombriz, el Hombre, la Cigüeña, el Ruiseñor, la Hiedra, inmortales? Y por sobre todos el Zapallo, Personación del Cosmos, con los jugadores de póker viendo tranquilamente y alternando los enamorados, todo en el espacio diáfano y unitario del Zapallo.</p>
<p>Practicamos sinceramente la Metafísica Cucurbitácea. Nos convencimos de que, dada la relatividad de las magnitudes todas, nadie de nosotros sabrá nunca si vive o no dentro de un zapallo y hasta dentro de un ataúd y si no seremos células del Plasma Inmortal. Tenía que suceder: Totalidad todo Interna, Limitada, Inmóvil (sin Traslación), sin Relación, por ello sin Muerte.</p>
<p>Parece que en estos últimos momentos, según coincidencia de signos, el Zapallo se alista para conquistar no ya la pobre Tierra, sino la Creación. Al parecer, prepara su desafío contra la Vía Láctea. Días más, y el Zapallo será el ser, la realidad y su Cáscara.</p>
<p>(El Zapallo me ha permitido que para vosotros -queridos cofrades de la Zapallería- yo escriba mal y pobre su leyenda y su historia.</p>
<p>Vivimos en ese mundo que todos sabíamos, pero todo en cáscara ahora, con relaciones sólo internas y, así, sin muerte.</p>
<p>Esto es mejor que antes.</p>
<div><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/continuacion.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-690" title="continuacion" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/continuacion.jpg" alt="" width="117" height="189" /></a></div>
<p><strong><span style="color: #000000; font-family: Times New Roman; font-size: small;"> CONTINUACIÓN DE LA NADA</span></strong></p>
<p><strong>I . A FOTOGRAFIARSE</strong></p>
<p><strong>Autobiografía</strong></p>
<p><strong>Pose N° 1</strong></p>
<p>El Universo o Realidad y yo nacimos en 1º de junio de 1874 y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires. Hay un mundo para todo nacer, y el no nacer no tiene nada de personal, es meramente no haber mundo. Nacer y no hallarlo es imposible; no se ha visto a ningún yo que naciendo se encontrara sin mundo, por lo que creo que la Realidad que hay la traemos nosotros y no quedaría nada de ella si efectivamente muriéramos, como temen algunos.</p>
<p>En vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1° de junio; sus tomos bobalicones es lo único que yo conozco (no sus hechos), pero los conocí después de nacer, como todo lo demás. Lo que me podría convencer sería el Arte, más gracioso y verdadero: un preludio de Rachmaninoff, una mirada creada por Goya, pero no es tan crédulo el arte, no abre la boca ante los cortejos de pompas fúnebres, como la historia.</p>
<p>Nací, otros lo habrán efectuado también, pero en sus detalles es proeza. Lo tenía olvidado, pero lo sigo aprovechando a este hecho sin examinarlo, pues no le hallaba influencia más que sobre la edad. Mas las oportunidades que ahora suelen frecerse de presentar mi biografía (en la forma más embustera de arte que se conoce, como autobiografía, sólo las Historias son más adulteradas) háceme advertir lo injusto que he sido con un hecho tan literario como resulta la natividad. (El dato de la fecha de ésta se me ha pedido tanto y con una sonrisa tan juguetona, que tuve la ilusión de que ello significaba que era posible una fecha mejor de nacimiento mío y se me alentaba a elegirla y pedirla, que se me habría de conseguir. Por si acaso, aunque no han progresado ni declarándose estas cortesías, dejo dicho que me gustaría haber nacido en 1900.)</p>
<p>Como no hallo nada sobresaliente que contar de mi vida, no me queda más que esto de los nacimientos, pues ahora me ocurre otro: comienzo a ser autor. De la Abogacía me he mudado; estoy recién entrado a la Literatura  y como ninguno de la clientela mía judicial se vino conmigo, no tengo el primer lector todavía. De manera que cualquier persona puede tener hoy la suerte, que la posteridad le reconocerá, de llegar a ser el primer lector de un cierto escritor. Es lo único que me alegra cuando pienso la fortuna que correrá mi libro: &#8220;No toda es vigilia la de los ojos abiertos&#8221;. No se olvide: soy el único literato existente de quien se puede ser el primer lector. Pero además mi libro, y es más inusitado esto todavía, es la única cosa que en Buenos Aires puede encontrarse aun no inaugurada por el Presidente. Se están imprimiendo todos los certificados de primer lector mío que se calcula serán necesarios. Y para retener al libro el segundo precioso mérito que lo adorna, el Editor ha puesto vigilancia en todos los caminos por donde pueda acercarse una Inauguración Presidencial infortunada.</p>
<p>(&#8220;Gaceta del Sur&#8221;, 1928)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> <span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"> </span><span style="font-size: x-small;"><span style="font-family: Calibri;"> </span></span></span></strong></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><strong>Autobiografía de encargo</strong></span></p>
<p><strong>Pose n° 2</strong></p>
<p>Soy argentino, desde hace mucho tiempo: padres, abuelos, bisabuelos; antes España por todos lados. Creo que desciendo de uno de los mayores o más grandes &#8211;qué feo y obligatorio modo de calificaciónpintores españoles, del cual heredé y he acrecentado unaincapacidad completa para el dibujo, vista poderosa, pupilas de un inútil color azul, pues veo el mundo bajo los mismos colores que lo ven los de ojos negros y el agua es incolora para mí como para ellos, de modo que el que se tomó el trabajo de pintarme las pupilas -debe haber sido Dios-no previó, por esta vez, que yo sería torpe para utilizar adornos; o quizá estoy mirando por debajo de las pupilas como quien se levanta los anteojos a la  frente;si esto me sucede sin saberlo no es extraño, pues recién a los cuarenta años he sabido queduermo del lado derecho. ¿De qué lado duerme usted, lector? Usted me contestará: -Antes dormía de espaldas, pero ahora&#8230; . -¿Cómo &#8220;ahora&#8221;? ¿Ya se duerme usted en mi primer página? Déjeme hablar&#8230; -¡Cómo &#8220;déjeme hablar&#8221;; ya quiere usted ser autor! Y bien, sinceramente, somos dos descontentos de lo que estamos: yo escribiendo, usted leyendo, y de buena gana nos intercambiaríamos.Soy un convencido de que jamás lograré escribir. Ahí está ese gran pensador que se me hizo odioso desde que quiso encerrarme en el duodécimo paréntesis de su primera página; salté el palito final cuando ya lo estaba parando él y me juré no leer. Pero no leer es algo así como un mutismo pasivo, escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haber leído tanto.Tengo profesión liberal; soy bastante pobre. Si dijera &#8220;estoy pobre&#8221;, el lector creería que le iba a pedir algo; es la verdadera frase pues mi mala situación no es accidental. Esto loexplicaré después, recuérdenmelo.Soy flaco y más bien feo. En cuanto a mi salud, ni un boticario hijo de médico y casado con partera la tiene peor. Tengo un lote de enfermedades, pero creo que con una mebastará al fin. No las combato porque no sé cuál es la que necesitaré mi último día, día que espero será muy concurrido y en el cual todo el mundo descubrirá, con un talento quesiempre disimularon, que yo era buena persona (como lo proclamaba en vano.)Por el momento no tengo más que cincuenta años, lo que no es mucho, si se tiene encuenta mi primera fecha. Contando los que viviré todavía algunos me dan sesenta; descontando lo dormido con los ojos abiertos (he leído tanto, se hace tanta política en mipaís, hay tantos vegetalistas, moralistas, salvacionistas, tantas estatuas de hombresabnegados, tantas hondas y agudas sentencias jurídicas con &#8220;acopio de doctrina&#8221; acerca de si los pasadores de las ventanas debe reponerlos el propietario o el locatario, tantos mártires de la obra pedagógica, tantos centenarios de hombres ilustres a causa de que cada uno de ellos tuvo su respectivo nacimiento, fecha que se soporta cada año por impulsión aniversaria, tantos conferencistas y concertistas, tantos discursos de &#8220;piedra fundamental&#8221; de inauguración), me atengo, por contradecirlos, a cuarenta.Mi altura no es mala; depende del uso. Por debajo empieza al mismo tiempo con la deFirpo; por arriba deja suficiente espacio hasta el cielo, pero es muy mala para erguirme bajo un postigo de ventana aunque un momento antes me ha servido bien para atarme los botines.Parece increíble que todavía se usen los botines donde no alcanzan los brazos.Supongan ustedes que yo nací, desde chiquito, en una casa de modistas y supongan también que en aquel tiempo, como hoy, había cosas, no todas, que se hacían aprueba, sedaban aprobar; y que en tal casa había una salita ahondada de espejos para probar lasclientas los nuevos vestidos. (Creo que un índice científico del grado de felicidad de unaépoca y comunidad es el mayor número de cosas que se acostumbra &#8220;dar a probar&#8221; y no sé si hoy, me parece que sí, son más que las que disfrutábase en mi juventud.)En aquel tiempo, puesto el vestido, la persona se veía un poco menos que antes; ahoraese menos verse la persona ha aumentado, menos menos; casi el vestido no tiene nada que ver con esto de cubrirse, con la ventaja ¡increíble! de que se ve la persona y el vestido.(Alguna vez estudiaré cómo el desnudo se reduce a ser modestamente un escote totalitario simultáneo o la suma de todos los escotes sucesivos inocentes posibles a una sola persona.)Hasta la edad de seis años, yo entraba y salía (hoy no hubiera salido) de la salita de pruebas y ninguna de las clientas me veía, veía que yo andaba viendo. Todo fue descubrirse en casa que yo había cumplido los seis años (yo no creía que se le conociera a nadie en la cara; ¿cómo se sabe?) para prohibírseme la entrada bajo pretexto de que yo antes veía y ahora miraba. Pero saqué de ello el provecho de una gran inclinación por las matemáticas en punto a curvas y ángulos.A los siete años ya aprendí a venirme abajo de un balcón y llorar en seguida; el golpeno me desconcertaba; no me acongojaba antes de llegar al suelo cuando todavía no teníautilidad el llorar ya.Fue demasiado grave para un principiante: caí diez metros seguidos, orientado enperfecta vertical y sin entretenerme nada en el trayecto como siempre se me harecomendado en los &#8220;mandados&#8221;: todo lo hice sin ayuda. 10 metros para piernas de 7 años es mucho siendo uno solo el que se cae y además los matemáticos no lo aprueban ni quieren creerlo por la desproporción de metro por año. Tan grave fue que no es seguro que yo exista después de ella y de tiempo en tiempo los diarios anuncian mi defunción porque algún cronista ha oído en conversación que hace cuarenta años me tomé de la baranda de la vertical durante diez metros continuos.(El suelo, que está dondequiera que un porrazo se completa y que, buen compañero,no falta a nadie en la caída, es la altura nunca menospreciada de un aviador de piso, comoyo. Esos navegantes del aire que se lanzan afanosos a lo alto como si se propusieran volvera fumar el humo del cigarrillo exhalado momentos antes, harían algo análogo a lo querecientemente me aconteció a mí cuando caminando con un amigo tropecé, mientras lehablaba, tan violentamente hacia adelante, que alcancé las palabras que acababa depronunciar: me oía mí mismo y tuve oportunidad de corregir un cierto gran disparatecomenzado en ellas.) Ejecuté tan bien el venirse abajo que se me atribuyó vocación especial y en el barrio cuando algún chico por descuido pudo caerse, viéndole todos al borde de un balcón vacilando, corrían a mi casa a buscarme para que yo tomara por él el encargo de la caída. Mis chichones sobresalían no sólo en el cuerpo sino en el barrio; aun entre tumefacciones, ya dé por sí relevantes, las mías sobresalían y en chichonería comparada era yo persona de fama.Mi norma, en fin, era: empezar con caídas la maestría de equitación, pero, de caballoschicos.Como escribo bajo la depresiva inseguridad de existir, basta por hoy de una literaturaquizá póstuma; soy más prudente que Mark Twain, el otro solo caso.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/12/02/macedonio-fernandez/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Martín Caparrós (1957)</title>
		<link>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/11/25/martin-caparros-1957/</link>
		<comments>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/11/25/martin-caparros-1957/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 12:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Navone</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autor del viernes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialutopias.com.ar/blog/?p=677</guid>
		<description><![CDATA[No velas a tus muertos (Fragmento &#8211; 1986) …Pero ya entraste, dudando, sabés que no deberías, las consignas son claras, no frecuentar los lugares donde se pueda ser reconocido, no deberías haber vuelto pero ya estás, ya manolo tendría que estar saludándote y no lo ves, quizá ya se haya jubilado y te vas a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/caparros2.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-680" title="caparros2" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/caparros2-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/Tvelas.gif"></a></p>
<h3>No velas a tus muertos (Fragmento &#8211; 1986)</h3>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/Tvelas.gif"><img title="Tvelas" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/Tvelas.gif" alt="" width="90" height="131" /></a></p>
<p>…Pero ya entraste, dudando, sabés que no deberías, las consignas son claras, no frecuentar los lugares donde se pueda ser reconocido, no deberías haber vuelto pero ya estás, ya manolo tendría que estar saludándote y no lo ves, quizá ya se haya jubilado y te vas a sentar, en esa mesa del fondo, es esa mesa, prender un cigarrillo, pensar, el calor, fumando la vida se parece mucho más a una película, a una novela, prender un cigarrillo y vas a pensar en las miles de posibilidades del suicidio y preguntarte por qué, no vas a saber, te vas a decir que no sabés, sabrás que tu respuesta te hiere, te disminuye, que te desenmascara y vas a dejar tu respuesta sin pregunta, como tantas veces, y el nuevo mozo al lado tuyo esperando el pedido, no lo habías visto disculpe quisiera una quilmes imperial bien fría por favor, si con este calor, esa cortesía, con manolo ya era diferente, ese cuidado que ponés en tratar con deferencia a los que sentis inferiores, fracasados, aunque las palabras sean duras, inútiles, aunque te cueste aceptar que las decis, a los que no pueden responderse satisfactoriamente a la pregunta qué hago qué he hecho de mi vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te daban lástima, un mozo de café, qué puede tener de gratificante ser mozo de café, aunque enseguida matizabas, tu pudor matizaba, tu culpa, tal vez tenga una mujer, amor, lo mirás, las arrugas en la cara, los años, te parece dudoso tal vez le importen cosas simples, que yo no conozco, pero vos evitabas la pregunta, sin preguntarte por qué, dabas la respuesta por sobrentendida una imagen, alguien que, es alguien, soy alguien te decís pero tenías que decírtelo, miedo a ir más allá, a investigar, miedo de lo desconocido o finalmente conocido pero inaceptable, lo que queda fuera del espejo deseado, recortado a imagen y semejanza de tu imagen, en definitiva es cierto, quizás hasta era cierto, hago cosas que me gustan, qué carajo, pero, te repetías, muchas gracias, y entonces un trago, largo, disolvente, al levantar la cabeza la viste, no viste sus caderas pero la boca entre las manos te recordaba algún recuerdo indefinible, sole en los ojos casi amarillos, quizá profundos, o demasiado traslúcidos, no sabías, leyendo un libro que aún no podías identificar y te preguntaste, siempre ese diálogo, ese monólogo cómo sería con ella, si le hablaras de carlos fuentes, qué diría, o de hernández, o de vos de tus proyectos cómo sería, y si realmente su vientre sería tan liso como su cuello pero quizá no le gustase, no sabías no entendías, a veces descubrías que las mujeres eran más pudorosas de lo que pensabas así que tal vez no le gustaría que mordieras su vientre, que lo besaras que lo mamaras y la cama es un colchón en el piso, el estampado de las sábanas te parecía horrible pero no habías querido decírselo porque cecilia estaba muy orgullosa de sus sábanas nuevas y el vientre era su vientre, abierto, lo recordabas, abierto, lo bebías, de un trago terminaste la cerveza, todos los líquidos otro, cecilia, otra, esa boca de quién ahí enfrente, prendiste otro cigarrillo, lentamente, con lascivia, disfrutándolo, como gozando de tu imagen en tu espejo, el del baño, el del cigarrillo tras el baño y mirándola, ella leía y pensaste las frases, lo que podrías decirle, con una mezcla de orgullo e irrealidad, las frases eran piropos sólo para vos, espejo sólo, te gratificaba inventar la conversación, te parecía apropiada, sabés que nunca te levantarás, que no caminarás esos cinco pasos, una mezcla de pudor y respeto te decís porque evitás hablarte claramente del miedo y llamaste al mozo, le pediste otra cerveza, por favor, y pensaste en aquellos días de abril.</p>
<h3>&#8220;La voluntad. Tomo III&#8221;, de Eduardo Anguita y Martín Caparrós. (Fragmento – 1998)</h3>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/Tvolunt.gif"><img class="alignnone size-full wp-image-682" title="Tvolunt" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/Tvolunt.gif" alt="" width="90" height="137" /></a></p>
<p>–&#8230;las Fuerzas Armadas hacen un vibrante e irrenunciable llamado a la juventud argentina para que, integrada en la comunidad nacional, contribuya con su entusiasmo, idealismo y desinterés a la construcción de una Patria que será orgullo de todos los hijos de esta tierra&#8230;</p>
<p>Graciela Daleo se había despertado muy temprano y, más que sorprenderse, lo primero que pensó fue: &#8220;¿bueno, así que ya lo hicieron&#8221;. No podía dejar de recordar lo que había pensado menos de tres años antes, en la plaza de Mayo, el día de la asunción de Cámpora, cuando todos gritaban se van se van y nunca volverán y ella y el Flaco Jorge se miraron y, sin palabras, se dijeron que no, que seguramente volverían. Y que, en definitiva, tampoco sería tan grave: que seguramente las cosas se pondrían un poco más duras, pero que sería una etapa más en el avance hacia la liberación. Y que ni siquiera era seguro que se pusieran más duras: en esos días, la violencia de las Tres A era tan terrible que no era fácil imaginarse cómo podría ser peor. Pero igual pensó que tenía que juntar todos los Evita Montonera y los documentos que tuviera y romperlos y tirarlos en algún basural.</p>
<p>A las diez de la mañana los comunicados militares ya habían llegado al número 22. El último suprimía todos los espectáculos públicos &#8220;tales como cinematógrafos, teatros, actividades deportivas, culturales, etc.&#8221;. Pero unos minutos después la cadena nacional informaba, a través del comunicado número 23, que &#8220;se ha exceptuado la propagación programada para el día de la fecha del partido de fútbol que sostendrán las selecciones nacionales de Argentina y Polonia&#8221;.</p>
<p>Para que no quedaran dudas acerca del peso del Ejército en su competencia con la Armada, la Junta asumió directamente en el edificio Libertador, la sede del Ejército. A las 10 y 40, el escribano de gobierno cruzó la avenida con las actas bajo el brazo y tomó juramento a Videla, Agosti y Massera. Como iban a deponer la Constitución, los uniformados juraron por la flamante Acta para el Proceso de Reorganización Nacional, en la que se suprimían el Congreso, la Corte Suprema y todos los cargos ejecutivos nacionales, provinciales y municipales. El Acta anunciaba, entre sus objetivos, la vigencia de los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino; la vigencia de la seguridad nacional erradicando la subversión y las causas que favorecen su existencia; la vigencia plena del orden jurídico y social; la relación armónica entre el Estado, el capital y el trabajo, con fortalecido desenvolvimiento de las estructuras empresariales y sindicales, ajustadas a sus fines específicos; la ubicación internacional en el mundo occidental y cristiano&#8230;&#8221;. Además del Acta, en la mesa de caoba de la sede militar, había un crucifijo y una biblia. Después del acto se anunció que la junta iba a elegir &#8220;al ciudadano presidente&#8221;: su decisión no tardaría más que un par de días. Mientras, el gabinete de emergencia estaba integrado sólo por militares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/undia.jpg"></a></p>
<p><strong>“Un día en  la vida de Dios” </strong>(Fragmento – 2001)</p>
<p><a href="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/undia.jpg"><img title="undia" src="http://www.editorialutopias.com.ar/blog/wp-content/uploads/2011/11/undia.jpg" alt="" width="142" height="245" /></a></p>
<p>Dios no podía dormir esa mañana, y ni siquiera lo sabía. No era que estuviese nerviosa: era que no sabía. Si hubiese conocido esa manera moderada de no ser que los bichitos, unos siglos, unas horas después, empezarían a llamar sueño, otra habría sido la historia de su día. La ignorancia de Dios siempre tuvo terribles consecuencias.</p>
<p>Dios no podía dormir porque nunca había dormido. Unos siglos, unas horas después, cuando ya había hecho hombres, verlos dormir -y, sobre todo, despertarse- le daría la suficiente curiosidad para intentar un sueño. Pero entonces no lo conocía, y no pudo apetecerlo. Es más: no es seguro que la palabra apetito tuviera algún sentido para ella. O incluso: visto lo que había hecho hasta entonces, es dudoso que ninguna palabra tuviera sentido para ella.</p>
<p>Dios solía quejarse de que le había tocado un universo de segunda, pero no era verdad: tuvo los mismos recursos que todas las demás. Nunca nadie pretendió relegarla: la Corporación respeta la igualdad de oportunidades y, además, no le conviene maltratar a los suyos. Cada vez que decide empezar un universo nuevo, la Corporación produce una oficial y le entrega las mismas herramientas: una parva de materia primaria, la dosis necesaria de energía y toda la información disponible sobre los universos ya creados. La Corporación es la primera interesada en que cada nuevo universo sea mejor, más eficiente que los anteriores.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialutopias.com.ar/blog/2011/11/25/martin-caparros-1957/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

