Tu palabra
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Este texto que verán a continuación fue inspirado en mi hermana, Nadia, que además es mi mejor amiga.
“Había una vez, un hada, que paseaba deslizándose suavemente sobre las hojas caídas de los árboles. Su cabello era castaño y se movía con gracia con las ráfagas de aire que se enredaban en él. Su bello rostro, risueño, sonreía con delicadeza, sus ojos marrones, brillaban como dos grandes estrellas.
Todos los sonidos de la naturaleza, que para otros parecían aislados, para ella, eran una gran sinfonía armoniosa. Ese suave ritmo, maracaba cada uno de sus pasos y movimientos.
Cerraba los ojos y respiraba profundo. Los aromas del bosque, a comienzos del otoño, eran inconfundibles: las ojos secas, que crujían bajo sus pies, el césped mojado…
Parecía una coreografía sin fin: las ramas desnudas de los árboles, se movían al compás, mientras el suave viento hacía malabares alrededor de esa pequeña criatura, que movía sus brazos y se dejaba llevar por esa hermosa melodía.
No había tiempo. No había límites.
El vestido azul del hada, se distinguía entre ese paisaje que parecía inventado, enmarcado por pinceladas de naranja y verde agua. Un arroyo cercano, con pequeños saltos de agua, agragaba su dulces notas musicales.
Como todas las hadas, ésta, tenía una tarea que realizar en el mundo de los humanos. Su tarea era una de las más preciadas porque con ella, lograba encender una brillante luz en medio de la inmensa ocuridad.
Hay quienes dicen, que la sonrisa es la curva que endereza la vida. Así también lo creía esta pequeña hada, que no perdía oportunidad de hacer sonreír a esos seres, con sólo una mirada. La alegría que transmitía, contagiaba a aquellos, que sin verla, sentían como se iluminaba su camino, sin razón aparente.
Su tarea no tenía tiempos libres. Siempre había alguien, en ese mundo, que necesitaba una sonrisa. Pero como el hada disfrutaba tanto de su trabajo, siempre decidida a alegrar, no necesitaba descansar. Nada la hacía más felíz que cumplir con su misión.
Un día, la reina de las hadas, la llamó y le dijo que, por haber cumplido con su trabajo con tanta dedicación y esmero, le concedería un deseo.
El hada pensó unos segundos y luego respondió segura, que lo que más amaba, era ver la sonrisa en los rostros de los niños que, aunque no pudieran verla, ellos sentían su presencia, porque sus almas eran puras.
La reina de las hadas no necesitó escuchar su deseo porque ya lo sabía. Levantó su brazó suavemente y esparció sobre la cabeza del hada un polvo brillante.
El hada volvió a la Tierra y continuó con su tarea como siempre, pero algo había cambiado, los niños le sonreían a ella…¡la veían!
Tal vez te preguntes cómo se llama esa bella criatura…
Nadia
muy lindo sabrina te hace viajar con la imaginacion !!!!
Todo parecía extraño: la forma en la que las personas se comunicaban, sus expresiones, sus movimientos. Todos sentían lo mismo: que alguien los vigilaba.
Iris, salió de su casa y tardó unos segundos en comprender lo que sucedía. Veía grupos que hablaban en voz baja y de vez en cuando volteaban para ver si alguien los observaba. Ella, hizo su camino habitual hacia el bosque para recoger unas plantas que necesitaba para sus infusiones medicinales. Trató de alejarse lo más rápido que pudo de ese ambiente abrumador; ni siquiera saludó a su amiga Beatriz que también parecía no comprender…
Caminó hasta que sólo podía observar árboles y la contundente vegetación que la rodeaba, el pueblo había quedado atrás. Decidió que tardaría lo suficiente como para regresar al pueblo cuando ya todos se encontraran al resguardo de sus hogares, así, no tendría que enterarse de lo que estaba azotando el ánimo del pueblo.
Tomó unas cuantas hojas de peperina, tomillo, menta y otras plantas cuyos nombres son muy difíciles de pronunciar y cuando su trabajo estaba terminado, caminó hacia el claro del bosque y se sentó en una piedra. Mantuvo su mente ocupada en las infusiones que debía preparar a pedido de su amigo y compañero de trabajo, Norbert, quien estaba encargado de visitar a los enfermos y determinar las medicinas necesarias para su recuperación. Todos lo llamaban “doctor” pero él siempre aclaraba que no lo era y aunque sus conocimientos de medicina eran realmente asombrosos, nadie, en todo el pueblo, ni siquiera Iris sabía donde había los había adquirido.
Iris miró su reloj y vio que ya era la hora de regresar. Se puso de pie pero antes de dar su primer paso sintió un ruido entre las ramas, detrás suyo. Volteó rápidamente y Norbert apareció frente a ella, con los ojos desorbitados.
-¡Norbert! Me asustaste… ¿Qué sucede?- preguntó Iris, pero su compañero no daba señales de escucharla, cuando lograba centrar su mirada, la observaba fijo, sin moverse.
-Norbert…Norbert, respóndeme ¿Qué te sucede?
La voz de Iris fue acallada rápidamente. Norbert caminó hacia ella con decisión la tomó por un brazo y la golpeó fuertemente en la cabeza. Iris cayó inconsciente en el suelo.
La mujer abrió sus ojos y se encontró en su laboratorio, sin recordar que había sucedido, pero con un gran dolor de cabeza. Recorrió el lugar con la mirada y luego se puso en marcha para comenzar con su trabajo como si recién se hubiese despertado. Para su sorpresa, encontró las hojas que necesitaba sin saber cuando las había llevado hasta allí y comenzó a elaborar sus infusiones.
Por la tarde, salió de su casa y realizó el reparto de los pedidos. Muy extrañada, vio que la lista de enfermos, que estaba en su escritorio, estaba formada por tres personas: el alcalde del pueblo, su amiga Beatriz (la maestra de la única escuela del pueblo y esposa del alcalde), y por último, estaba su nombre. Tanto el alcalde como su esposa estaban guardando reposo en su casa, esperando ansiosamente las “milagrosas” medicinas de Iris, porque sabían que los curaría en un abrir y cerrar de ojos. Todavía asombrada por haber leído su nombre en la lista, dejó las medicinas al ama de llaves y volvió a su casa.
Miró nuevamente la lista y observó que al lado de su nombre decía: “calmante para el dolor de cabeza” y dado que su cabeza seguía doliéndole, se tomó de un sorbo la infusión preparada. Se recostó y cerró los ojos. Pasados unos minutos, sintió que tocaban a su puerta desesperadamente. Abrió y se encontró con el ama de llaves del alcalde; parecía nerviosa y un tanto asustada. Sin hablar, la tomó por el brazo y la llevó hasta la casa del alcalde, donde una pequeña multitud comenzaba a congregarse. Al llegar, todos voltearon a observarla atentamente. Cuando estuvo dentro de la casa, el ama de llaves la condujo hasta la habitación de los dueños de la casa donde ambos estaban recostados con los ojos bien abiertos, pálidos e inmóviles.
El ama de llaves se tapó la cara con las manos y entre sollozos dijo:
-Fue…fue después de tomar la medicina.
Iris se acercó a ellos y revisó sus pulsos. Se alejó rápidamente al ver que ninguno reaccionaba. Tomó el frasco con manos temblorosas y lo acercó a su nariz pero lo dejó caer al instante en que sentía el aroma penetrante del cianuro…
-Yo…no…-sin saber que decir salió de la habitación llorando y bajó las escaleras.
Antes de pisar el último escalón recordó la infusión que ella había tomado y le dio un vuelco el corazón. Los murmullos de la gente, fuera de la casa, se fueron apagando, mientras sentía que el sudor frío recorría su frente, su corazón se aceleró hasta que cayó inmóvil en el vestíbulo. Había muerto.
Iris despertó asustada después de una horrible pesadilla, “Yo jamás podría asesinar a alguien con mis infusiones” se dijo una y otra vez, pero algo la inquietaba. El sueño parecía real.
Salió de su casa temprano hacia el bosque pero algo estaba fuera de lugar, todo parecía extraño…
Respecto al cuento publicado en la fecha, 07/05/2010, me inspiró para un concurso de una página web, una versión mucho más libre que la de Jorge, cambiada pero con la misma intencionalidad. Se llama: «La invasión». Espero que les guste y aguardo sus comentarios.
La invasión
Cerca de las once de la noche, yo venía cansado después de un pésimo día de trabajo en la inmobiliaria, ya que nadie se había acercado a dejarnos su propiedad para vender o alquilar. Sonó mi celular, era mi cuñado, preguntando si le había conseguido algo, necesitaban mudarse con urgencia. Me comentó que tenía que ver dos casas en estos días, pero que ellos querían comprarme a mí aunque tuvieran que esperar. Le expliqué cómo venía la mano, pero le dije que iba a hacer todo lo posible. Corté y seguí caminando.
A pocas cuadras de mi domicilio vi a una pareja parada en la vereda frente a una casa antigua, llevaban puesta ropa de dormir. Me detuve a mirar. La mujer lloraba. El hombre, mientras la abrazaba. arrojó algo que hizo un sonido metálico al golpear contra el pavimento. Estuvieron unos minutos dialogando y mirando la puerta cerrada. Luego se alejaron. Me acerqué a ver lo que había tirado. Era un juego de llaves. Seguramente pertenecía esa casa de la cual parecían haber salido. Bajé a la calle, las levanté y seguí mi camino.
Durante varios días pasé por el lugar sin encontrar rastros de esas personas, a mi entender, posiblemente los dueños del inmueble. Traté de averiguar quiénes eran, preguntando en un negocio de la esquina. No los conocían. Entonces, toqué el timbre en la casa contigua. Una señora mayor me atendió amablemente:
-No le puedo decir mucho, joven soy nueva en el barrio. Me dijeron que ahí vivía un matrimonio y que la señora estaba muy enferma, pero de eso hace mucho tiempo, creo que se mudaron. Ahora parece que no vive nadie.
Le agradecí su atención. Pasé por frente a la casa lentamente, parecía deshabitada, los postigos estaban cerrados y no se oía ningún ruido desde el interior. El terreno aledaño era un taller mecánico cerrado, en cuyas puertas crecían los yuyos. Nadie a quien preguntar. Decepcionado me volví a mi oficina. En los días siguientes hice el mismo camino, pero nunca vi nada diferente.
El trabajo seguía como siempre, sin ventas, sin alquileres. Cada día se me hacia más difícil llegar a fin de mes. Toda vez que abría el cajón de mi escritorio y veía el llavero me ponía a especular sobre esa pareja y la casa misteriosa. Se me ocurrían mil locas situaciones. Tal vez habían matado a alguien y lo dejaron adentro, o tenían escondido algún tesoro. Dejé pasar un tiempo y con las llaves en mi mano decidí ingresar a la casa.
Al abrir la puerta, pesada y robusta, bien a la antigua, sentí que eso que hacía no estaba bien, sin embargo, seguí adelante. Pasé el zaguán y me encontré en una sala bastante amplia, con puertas a ambos lados que daban a otras habitaciones. Probé una tecla de la luz y se encendió. Las paredes y el piso se veían en buen estado. Todo estaba vacío y tranquilo, demasiado tranquilo. Una sensación rara me recorrió todo el cuerpo, sentí como que todavía estaba habitada a pesar de que no había ningún objeto ni persona a la vista. Recorrí lo que serían tres dormitorios amplios que daban a la calle, abrí los placares. Nada, ni siquiera una pelusa en los estantes y cajones, se veía todo muy limpio. En el baño, comprobé que todos los sanitarios estaban pulcros y hasta me pareció percibir cierto aroma a desodorante de ambientes. Tampoco allí había nada. Probé abrir una canilla y para mi asombro salió agua caliente.
Salí al pasillo encendiendo algunas luces más, fui hacia a la cocina, bastante grande por cierto. Los armarios estaban vacíos pero igualmente limpios. No me detuve mucho tiempo debido a esa sensación previa sobre el lugar. Ni rastros de muebles, personas u objetos que indicaran la presencia de alguien. El último de los cuartos era pequeño y daba a un minúsculo patio cubierto en el que sólo había algunas macetas vacías. Nada más. Un alto paredón separaba a la propiedad de sus vecinos, la pintura estaba algo descascarada y mostraba grandes manchas de humedad rodeadas de moho gris.
Volví a la sala y me quedé parado en el medio mirando hacia todos lados. Pensé en la posibilidad de hacer negocio con esta casa, tomar ventaja de la situación y revertir mi mala racha. Muchas ideas se me cruzaron por la cabeza. Obviamente, todas descabelladas pero quizás no imposibles. No tenía ningún papel, pero no me sería difícil averiguar lo necesario en la oficina de catastro local.
Lentamente me fui acercando a la puerta del zaguán. Cuando estaba por poner mi mano sobre el picaporte, escuché algunos ruidos extraños en el fondo, pasos que se acercaban, voces entrecortadas, susurros que provenían del interior de la casa. El terror empezó a apoderarse de mí. Yo no era un delincuente, efectivamente lo que había hecho estaba mal, entrar a una casa que no era mía y que tampoco sabía a quien pertenecía. ¡Claro que estaba mal! Pero lo había hecho en un intento de poder salvar mi situación. Rápidamente salí de allí, mientras los ruidos se acercaban cada vez más y las voces eran más claras. Cerré la puerta de entrada con llave, sentí las manos y el cuerpo mojado, me quedé paralizado en la vereda. Adentro continuaban las conversaciones al parecer de mucha gente. Ruidos de cosas que se caían. Por último un grito desgarrador terminó de hundirme en el pánico. En la calle no se veía a nadie a quien pedir ayuda. Me alejé corriendo y no volví a pasar por el lugar.
Varias semanas después conversando con un colega por teléfono, le pregunté si conocía la propiedad o si sabía de alguien que la alquilara o tuviese en venta.
-No, no sé de nadie, pero esa casa hace muchos años que está deshabitada, abandonada digamos. Creo que pasó algo raro, no sé bien qué. Pero de esto que te cuento pasaron como veinte años, Debe estar en ruinas.- me guardé muy bien de decirle que había estado dentro y que no parecía arruinada sino más bien cuidada.
Al día siguiente fui a la municipalidad y dando los datos catastrales pude saber el nombre del dueño, y la fecha en que había sido construida treinta y ocho años atrás, nunca había cambiado de dueño.
El llavero seguía en mi cajón quemándome de curiosidad y miedo a la vez. Tenía que averiguar algo más o volver a entrar en la casa.
Con el nombre del dueño, busqué información por Internet, guías telefónicas, padrones electorales, hasta que pude dar con algunos datos. Un número de teléfono que no coincidía con la dirección que yo había visitado. Al llamar nadie me contestó. Decidí ir al nuevo domicilio. Cuando llegué vi que el estilo y construcción era igual al que ya conocía.
Golpeé y me atendió una señora mayor, de unos setenta años, abriendo la ventana de la puerta del zaguán. Le comencé a explicar la situación y de golpe abrió la puerta y me hizo pasar con un gesto.
Una vez dentro, me ofreció un té invitándome a que me siente en su sala. Hice un rápido examen del lugar… ¡Idéntico a la sala de la otra casa! Azorado disimulé mi sorpresa y le conté el motivo de mi visita. Ella sonrió, y me dijo que el nombre del propietario, era el de su esposo fallecido durante la construcción de la otra casa en un accidente. Me explicó que el nuevo dueño de los dos inmuebles era su hijo que llevaba el mismo nombre que su padre. Le pregunté donde podía ubicarlo para charlar del asunto y de paso preguntarle si quería alquilar o vender.
Mi propuesta le cambió el gesto, luego de unos segundos de pausa, tomó un sorbo de té, dejó la taza con cuidado, se acomodó el pelo y me dijo:
-Mi hijo ya no está. Él y su esposa murieron hace bastante tiempo. No entiendo como sucedió, fue en aquella casa, estaban remodelándola- Se secó unas lágrimas con un pañuelito y se quedó mirándome fijo como enviándome un mensaje. Traté de disimular mi espanto y me despedí yéndome con algunas dudas aclaradas y otras nuevas.
No pude dormir varias noches, pensando qué pasaría en esa propiedad, elucubrando teorías y razones. Cansado de dar vueltas, una de ellas me decidí a ir nuevamente a la casa. Corriendo el riesgo, dada la hora, de que me confundieran con un ladrón, mi curiosidad pudo más que la razón.
Al llegar noté algo en el frente que me desconcertó un poco, un cartel que decía «Vendida». Sin darle mayor importancia, aunque maldiciendo mi suerte, entré usando las llaves. Esta vez con un poco más de confianza. El silencio era impresionante, como si algo bloqueara los sonidos de la calle hacia el interior. Parecía estar aislado allí dentro. Recorrí cada cuarto de la casa, encendiendo luces, mirando detenidamente todo, hasta que en el patio me llamaron la atención las manchas de humedad en la medianera, mucho más grandes y deformadas que la primera vez. La luz amarillenta de la lamparita las transformaba en algo horrible. Me llegaba desde ellas algo así como un soplo tibio y de feo olor. No me fijé en más nada y salí apagando algunas luces. A medida que iba pasando por los cuartos y el pasillo, las manchas de humedad aparecían en las paredes antes limpias y esa especie de aliento fétido las acompañaba. De nuevo me siguieron los rumores de voces, ruidos de pasos, gemidos. ¡No quería estar más allí! Salí y cerré la puerta con llave. Tiré el llavero al pavimento jurándome no volver por allí.
Al día siguiente recibí una nueva llamada de mi cuñado a la que no pude responder nada, ahogado por el pánico.
-No te preocupes más por conseguirnos casa. Compramos una cerca de la tuya, está como nueva, a pesar de que tiene sus años. Es justo lo que andábamos buscando. La vimos en un aviso del diario. Un matrimonio macanudo, la señora está algo delicada y se van al interior. Nos mudamos esta tarde. Lo único malo que encontramos son unas manchas de humedad feas en la medianera, pero con una buena pintada…
Excelente relato,muy atrapante!
Un nombre viene a mi conciencia involuntariamente. Desconozco por que. Ignoro quien es.
Busco en los registros y bases públicas.
Encuentro un homónimo que puede ser de interés:
Listado nacional de mártires de…
Fulanito de tal. Una fecha. Cuerpo de Bomberos de… Compañía 1.
¿Quién será esta persona?… ¿Que querrá decirme?…
El lugar, es una comuna del sur de Chile, en la Región de Los Lagos.
Tal vez estoy asistiendo al parto de un personaje. ¿Y yo?… ¿seré tal vez la madre, creadora todopoderosa?…
O su intérprete, su vocero, un escriba de lo que el personaje imponga.
Así, probablemente me subordine a sus dictados, le preste el oído y hasta mis miembros para convertirme en su instrumento. Lo atenderé, me interesaré en su historia, sin embargo… siendo su cronista, su traductor, su herramienta; indefectiblemente he de traicionarlo.
Los personajes narran sus memorias, sus efemérides, sus hechos. El escritor recrea, los forja, los transforma, los encubre, los purifica, los embellece, los desfigura en el divino impulso de crear.
Quiero compartir con ustedes el discurso que Mario Vargas Llosas expresó cuando recibió el premio internacional de novela “Romulo Gallegos”, en agosto de 1967:
“Las mismas sociedades que exiliaron y rechazaron al escritor pueden pensar que ahora conviene asimilarlo, integrarlo, conferirle una especie de estatuto oficial. Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles qu eno hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor, o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras que irán desde lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social. Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y será un descontento. Nadie que esté satisfecho es capaz de escribir, nadie que esté de acuerdo, reconciliado con la realidad, cometerá el ambicioso desatino de inventar realidades verbales. La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de isurrección permanente y ella no admite camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista”
Agrego algo más acerca del oficio del escritor:
“Si el escritor no se siente capaz de dejarse morir de hambre, debe cambiar de oficio. La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro”
Camilo José Cela.¨:)
Me levante de la siesta con este ruido en la cabeza,
espero les guste.
Un abrazo a todos en Tierra del Fuego, nos vemos
“LA CRUZADA DE LOS CHANGARINES”
Ni bien sale el sol se levanta la helada.
Por alguna razón al frío le da vergüenza
que el sol lo pille pegado al piso.
La claridad del día hace que el frío se aleje del suelo
y quede suspendido como una nube tiesa,
flotando de a perrito en la nada.
La gente dispersa la neblina al caminar
como quien emerge parido del vientre del infierno.
Y ahi salen los semidioses,
envueltos hasta los ojos
duros de ropa en el lomo de la bicicleta
respirando por atras de la bufanda
los vahos del pencazo
de la primer ginebra en ayunas
pa calentar el cuerpo
Hay que meterle cuerpo
al aire quieto del invierno, compadre,
y deslizarse por los vapores de la helada.
Hay que abrir de un tajo el corazón del frío, compadre,
para que no se ensañe con las criaturas
ni con los pajaritos.
… Mire si nos han hecho gastar
en ginebra los inviernos, compadre,
antes de ir a la plaza con los demás changarines
Carlos Sandoval
2 de agosto 2010
Fisque menuco (Gral Roca), Rio Negro
Me gusta esta idea de difusión de los escritores de nuestro país y desearía sumamrme con mis trabajos literarios. Debo una Felicitación al Sr. Navone por su notable persistencia y un saludo cordial.
Dirán que son panfletos
Que la poesía no milita
Que no vale la pena hacer proclamas
Sobre zaguanes y colchones
Y veredas de carne amontonada
O trenes humillados y nocturnos
O barrios como juguetes tristes
Al calor de las fogatas sucintas
Dirán que es repetirse
Que otros dijeron antes y mejor lo mismo
Hubo ya quien recitó lo suyo
De pié en la boca de las minas
Y fue su verso sangre amorosa que se probó
y no pudo.
Los pobres y los justos son carne de cañón,
Materia de olvido, desagrado,
Punto y aparte.
El tiempo hará justicia, dicen
Vendrán las voces compungidas o airadas
A aconsejar silencio:
La poesía es vidente que sobrevuela abstracta
por cielos impolutos.
Es mejor no infectar lo sublime
No herir el verso con la visión oscura de los otros
Su estupor de hambre que espera en las barreras.
Hay que lavarse con alcohol en los resquicios
De la realidad viciosa que no rima
Cómo ennoblecer la rabia
cómo embellecer una mesa vacía.
Hay palabras que no tienen remedio, señores
Como hambre, como golpe, como niño muerto.
Hay palabras que me dan vergüenza
Que me pegan cachetazos duros desde adentro.
Yo no puedo esgrimir más que esas palabras
Al menos hoy, señores, no puedo.
Si esto es un panfleto, me disculpen.
Será que es la única poesía que me queda
Hoy por hoy
Y ni a mí me gusta.
Fui niña rosa en un mundo azul,
Y me miraban caras, rostros sin formas observaban mi color.
Caminaba. Pasos azules me seguían
Comencé a volar
¡ libertad rosa en un mundo azul ¡
mundo azul reía., mi vuelo, rápido, veloz descendía
mundo azul me seguía
…y caí sobre él
oí aplausos y alegrías, era azul mi vida
y viví, y hoy vivo azul pero con el corazón siempre rosa.
Caro Jorge: Como se hubiera dicho antiguamente cuando yo era pibe y usaba pantalón corto (casi en la época de la colonia):”¡Mucho Jorge!”, porque la verdad es que estas selecciones de poesía y prosa son lo meor de lo mejor de que se lee en el éter y son dignas de ser leídas y releídas, para lo cual, esos sagaces jóvenes cibernéticos de esta generación que manejan bien estas complejas técnicas laberínticas, deberían grabarlas con ese pendorchito cuyo nombre no recuerdo en este momento, para releerlas de tanto en tanto.¡Felicitaciones aderezadas con agradecimiento, Jorge!
aveces me paso buscando en internet y nunca habia encontrado nada como este articulo, gracias!
Felicito al Sr.navone por su voluntad y predisposición hacia todosaquellos escritores que soñamos con lograrescribir nuestro primer libro…y quiero saludar especialmente a Norma Colla,con quien compartí mi primer nivel de Reiki,una bella persona,a quien leenvio también la mejor energía para que su libro continúe siendo un éxito…Adelante Norma!!!Atte.Marita Sagastuy
Dar gracias<3
de Teresa Sottile, Quiero dar las gracias hoy a todas las personas que han pasado por mi vida,a todos los que me regalaron una sonrisa,a aquellos a los que no les cai bien.A los que me amaron y me aman a los que me odiaron y me odian ,a los que les di de mi y me brindaron,a los que me envidian o envidiaron, a los buenos a los malos,a los que me hicieron reir,a los que me hicieron llorar, a todos y cada uno les digo …estoy en deuda,porque han contribuido sin querer a formar mi ser, mi temple,mi creatividad,me han ayudado a soñar, a vivir,de todos tengo lecciones que rescatar y guardar.por eso gracias a todos, mil gracias
Escribo estas lineas para contarte lo feliz que soy al despertar todas las mañanas desde que estoy a tu lado, abro mis ojos y contemplo tu belleza, mis manos inquietas quieren viajar a tu suave piel, recorrer todas tus formas con suaves caricias y mis labios celosos desean seguir el derrotero de las manos y junto a mi nariz saborear tu perfume que eleva mi lívido a lo más alto imaginable,cuando mis oídos sienten tu respiración clamando más, más, mas. Porque todos mis sentidos te están amando mi amor.
Es lindo lo que estás haciendo Jorge porque esto lleva a quienes nos gusta escribir (bien o mal) nuestros sentires sean leídos por otros que al final es lo uno siempre busca, ser leído, gracias por darnos esta oportunidad.
José
Déjame…
Déjame andar tus silencios
paso a paso, sin tiempo
adentrándome en tus relieves
en tu geografía, en tus sueños…
Déjame gozar de tus aires,
lozanos, fragantes, intensos,
beberlos gota a gota
que se adueñen de mi vuelo…
Deslúmbrame con tus destellos
de eternos crepúsculos nuevos
que se fundan en mis retinas
quemados a vivo fuego …
Déjame ser huella en tu seno
historia vivida en silencio
espera, brevedad y desvelo.
Raíz profunda…¡y verde renuevo!
MINEROS
Rascaron las entrañas de la tierra
Ahondando verticales horizontes,
Ajustaron en su frentes la linterna
Oscilando en las oscuras extensiones.
Atrás quedaba, en el gris granítico
De la tarde lluviosa y consistente,
La familia junto al fuego elíptico,
El futuro, sumiso y obediente.
¡ ay ! Explotó, la entraña dolorida.
Los túneles, dedos de nocivos aires,
Se llenaron de humo y gases malos.
¡ ay ! Que rehuye la vida, de las manos
Que tantean, generosas, las salidas.
¡ ay ! Distorsionada hora concluida.
alicia susana baigorria
CAMBIO DE PLANES
El lunes era día de descanso pero de ensayo. A nadie le llamaría la atención y además, por seguridad, siempre trabajaban solos, cuando todos habían terminado.
Hacía mucho tiempo que lo estaban madurando, casi desde que empezaron a trabajar en el circo. Por fin había llegado la hora. Ubicaron el cañón apuntando cuidadosamente hacia el río, esquivando las nuevas torres, por las dudas. Aunque no eran rosarinos, conocían bien el lugar porque era la segunda vez que armaron el circo en ese nudo, sobre el túnel del ferrocarril.
La noche anterior, esperando que el sueño llegara, habían leído un cuento de Samanta Schweblin en un suplemento literario del diario y que estaba relacionado con sus vidas.
La frase que les llevó a decidirse fue:
“Estoy preocupado, creo que estoy perdiendo velocidad” dijo Tego, el hombre bala .Eso mismo era lo que sentía ahora Tomasito y no quería terminar como Tego. Se pasaron toda la noche releyendo “Viaje a la luna” de Julio Verne y prepararon lo necesario. Llevaría algo de comida para el viaje y algunos regalos para los selenitas. Si acaso no llegaba a la Luna, quizá entrara en órbita alrededor de la Tierra y eso también los conformaba.
Por supuesto que aumentaron la carga explosiva y ¡Pum! Le alcanzó para llegar hasta el río y para desubicarle algunos huesos. La suerte quiso que justo pasara por allí una chata cargada con fardos de algodón que al recibir el impacto de esa masa desordenada , desparramó una nube blanca que al ser aspirada le borró los dolores y hasta lo alegró.
Lo armaron de nuevo en el Sanatorio Laprida con la ayuda de un traumatólogo, antiguo residente, que por su bajo perfil reside ahora en Los Cisnes y que viajó para el armado. Por suerte, con fotos y la buena memoria del socio de Tomasito, en seis meses, parecía nuevito. Salvo por un detalle .La fuerza impulsora del cañón le había sacado los fémures hasta las orejas y los pies le habían crecido tanto que el calzado lo tendría que comprar donde lo hacen los jugadores de la NBA.
Los médicos le fabricaron las piernas con las tibias ¡una obra de arte! Eso sí, un poco cortas. Para no arrastrar los brazos debió usar unos apoyos que le colgaban de los hombros .El resto de su cuerpo se mantuvo en su lugar, conservando tamaño, pero no obstante cuando fue al programa de Susana, esta no resistió la tentación y le preguntó.
Mirta no lo invitó a sus almuerzos porque temió que la eclipsara.
Terminó casado con una princesa virtual de Myanmar aduciendo ser una reencarnación del Dalai Lama y su socio como director artístico de la corte.
Siempre comentaban que si bien no habían alcanzado la Luna, el cambio no fue del todo malo.
Marcelino Navailles
19/11/10
Observando el mundo natural, salvo el humano, los demás seres vivos, perciben su entorno y viven igual que siempre (habitat, alimentos, reproducción, etc.), ¿porqué?. Para saberlo debemos remitirnos al origen de la vida: si creemos en Dios, debemos concluir que esas condiciones son inmejorables y las que el quiere. Entonces quienes las modifican a su antojo, se oponen a ese propósito divino. ¿ Somos: “las ovejas negras” de la creación?. Si por el contrario cremos en la evolución, nuestra inteligencia nos hace los seres más aventajados en ese proceso evolutivo. Esa ventaja, ha resultado nociva y destructiva, para nuestro único hogar y fuente de alimentos: Tierra (cambio climático, contaminación, aniquilación de miles de especies de vidas. sobreexplotación de recursos, etc.)Evolucionamos cual virus letal, que se reproduce descontroladamente, poniendo en riesgo la vida toda. En base a los resultados, las condiciones de la vida original son las apropiadas y acertadas. Jota.
Estimado Jorge: Bárbaro, Nunca bajes los brazos !!
(en tu caso te congelarías de frío )
Te mando una humilde poesía de las que suelo escribir.
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POESIA EN SOLFA
Se escuchaba una melodía
que venía de lo lejos,
llenando el ambiente de alegría
y el alma de festejos.
Las notas llegaban
alineándose en el pentagrama,
lentamente se acomodaban
cual si fuera una proclama.
DO, RE, MI, por privilegio
comenzaban la función,
entre silencios y arpégios
daban forma a una canción.
Blancas y Negras muy orondas
junto a los acordes danzan por igual,
confundiendo a la redonda
en ésta escala musical.
Entre Corcheas, Semicorcheas y fusas
Fa, Sol y La palpitan,
mostrando que la musa
está donde la necesitan.
Un solfeo fuera de tono
es un desafino fatal,
peor es el abandono,
está el Si, para el broche final.
Así surgen en sonidos
las más diversas sinfonías,
acariciando los sentidos
atractivas y bellas armonías.
Que más podemos pedir,
inspiración y ritmo es nuestro,
solo nos resta decir,
¡ Música maestro !
Fue esta una aventura musical
José Luis Vidal Dic/2010
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esto es algo pequeño q escribi en un tiempo de mi vida en que antes de explotar prefiero expresar… se titula
La Estupidez del Amor
el amor es la estupidez mas grande q puede existir,
es estupido convencernos q nuestro aire es mucho,
y respirarlo solos es poco.
es estupido pensar q nos falta una parte para ser uno,
y q esa parte sos vos.
es estupido creer q no te puedo sacar de cada uno
de mis pensamientos.
es estupido decir te amo, si no tengo el valor para
luchar por eso.
es estupido dejarte ir sin q sepas q puedo darlo todo,
solo por q esto llegue a tu corazon.
es estupido sentir q sin mi te vas y yo aca siempre estare,
para esperarte.
es estupido decir q te amo como nunk ame nada en la vida,
pero mas estupido es negarlo
o no decir q sos todo para mi,
aunque de vos no tenga nada
pero en fin, esto es asi
y nada va a cambiarlo
y es estupido asi pensarlo
porq el amor es estupido
se queda ahi aunq no estes, esperando…
¡Hola Jorge!Quiero agradecerte nuevamente por esta página que nos da la oportunidad de publicar nuestas ideas y relatos, pudiendo expresarnos con libertad y no hay nada mejor para un escritor que poder decir lo que se le pasa por la cabeza sin límites. Un saludo a todos aquellos con los que comparto esta página.
La chacra (cuento)
Puro canto en la chacra, resalta la gema fulgurante del maíz, allá en el cuadro que alguna vez fue potrero dedicado al pastoreo. El cristal de fino vidrio celestino se engalana con el sol del mediodía.
Rompen cristales de improviso los teros en el campo lindero de lacios juncos hechos barbas en la faz forúnculosa del bañado.
Un zorro se hace el distraído mientras busca los nidos de perdices con la esperanza cuatrilliza de otras vidas.
El labriego hace un alto en su tarea de hoz, cosecha y esperanza para guardar celoso en un pañuelo las perlas que se hacen rocío caliente de cansancio en su frente curtida por soles y fracasos.
La carreta improvisa un espacio a las espigas acostadas en el mullido colchón de las chalas.
Y las yuntas de bueyes juntan paciencia en la tranquila espera asentada en su testuz hecho yugo en la trama prisionera de coyundas.
Impávidos soportan el grito rabia y lamento del hombre que sufrió el colmillo hecho veneno de la yara que se escurre rabiosa entre los yuyos.
En vano la “picana” es una línea punzante apuntando su dedo único al cielo afirmada en la tranquera de un enigma.
El hombre descansa para siempre cara al sol sin deslumbrarse, reposando sus sueños de arados y cosechas, de lluvias y sequías.
******
Y allá en la loma recostado a la sombra corpulenta del algarrobo cobijo de nidos y de trinos un rancho vestido de humildad se hace espera interminable con la sombra de un changuito y su madre.
Rubén Cecilio Garrido – grc-841@live.com
SEQUÍA – Cuento
Hacia el norte gris de nubes
arde el cardal de los teros.
Entre dos maizales ruines,
tranco a tranco va el entierro…
Romance para acompañar a un Difunto
de Álvaro Figueredo
Duro el verano, tan duro como no se vio en veinte años. Juan miraba sin ver, simplemente no quería mirar.
Siempre el mismo cuadro. La chacra miserable, el maizal raquítico, quemado por el calor infernal y la falta de lluvia.
Lluvia. ¡Que lejana esa palabra! ¿Cuánto hacía que no llovía? Ya ni recordaba cuando, sentía una terrible urgencia por aspirar el aroma rancio y penetrante a tierra mojada que antecedía a las primeras gotas resonando secamente sobre el polvo.
Suspiró con nostalgia y desengaño. No había señales siquiera de nubes plomizas con su carga vital. El cielo estaba gris, la tierra estaba gris, el paisaje era gris y negro. El maizal quemado por un sol de fuego, semejaba humanas figuras cabizbajas resignadas a un destino de muerte sin generar ni espigas ni semillas.
Y el calor, seco, agrietando labios y manos, hermanados a la tierra en eso de agrietarse.
En el mísero potrero, la última yunta de bueyes eran sólo un recuerdo de huesos esparcidos sobre el terreno pelado.
Adivinó más que verlo a su padre. El anuncio de su tos reseca como la tierra, llegó antes de que abriera la puerta del humilde ranchito.
La cara del hombre le dijo más que mil palabras. Se dejó caer abatido en una silla petiza, la cara entre sus manos callosas que sabían de trabajo rudo.
-El banco no quiere dar crédito – dijo de improviso -el gerente dice que no puede dar más préstamos, no hay cosecha y entonces, no hay plata.
Juan sintió un nudo en la garganta, no podía más de ver sufrir “al viejo”, la impotencia lo ahogaba.
Se levantó y tomó la vieja escopeta del padre y un puñado de cartuchos.
- Voy a ver si cazo algunas palomas – le dijo al viejo.
Anselmo, su padre lo vio marchar con paso cansino por el polvoriento senderito de las cabras.
******
Juan era chango de unos quince años, morocho, flaco y fibroso. Enfiló rumbo a la chacra, pero cambió de idea y tomó el senderito que llevaba al cerro Petizo.
Al rato se sentó en la loma, desde allí se veía todo, el camino que llevaba al pueblo, un caserío blanco y chato, veía la antena de Telecom, y la chacra ahí abajito, a sus pies casi.
Se echó panza arriba en el suelo duro, el sol era un caldero de brasas, enviando rabiosos rayos a la tierra seca y calcinada.
Las pocas nubes pasaban veloces y deshilachas por el cielo sin brillos. Y sintió que se ahogaba de pena.
Lejos, pasaron volando una pareja de teros. Las espinas de sus gritos se prendieron en el paisaje agrietado.
Pensó que a veces cuesta más vivir que morirse.
Sin pensarlo, metió un solo cartucho en la escopeta, uno sólo, en el caño derecho. Estuvo pensativo un rato mirando todo, lastimándose los ojos con el paisaje irreal, sin saber el nombre, pensó en un cuadro famoso de un pintor, un tal Van Gogh.
- Es igual todo marrón, negro y gris.
Sentado en una piedra, pensó en su madre muerta hacía tan poco tiempo. Puso el caño en su boca, sintió el sabor amargo y áspero de la pólvora y el frío del acero, pensó que no era tan malo y apretó el gatillo.
******
Anselmo sintió el disparo, uno solo.
A la oración Juan no había regresado. No regresaría ya nunca.
******
El entierro trepaba la loma desnuda rumbo a la blancura de almas del cementerio.
Dijo el poeta Figueredo… en la cruz de los caminos se santiguan cuatro vientos…
- Ay… ¡Que desgracia compadre!
- Lo acompaño el sentimiento…
Rubén Cecilio Garrido grc-841@live.com
Hola. Muy buena la idea de difundir el material de otros escritores, realmente un trabajo loable digno de destacar.
Hoy he podido leer el material publicado, me parece muy bueno y muy buena la idea de difundir los escritores nuestros. Yo soy de Chum,bicha, pueblo del departamento Capayán, provincia de Catamarca, tengo 41 libros publicados, algunos de cuentos cortos, otros de historia regional y algunos de poesía. Actualmente estoy armando una novela (veremos como sale).
AFECTUOSAMENTE. rUBÉN cECILIO gARRIDO
Prometeo y las sirenas domésticas
(Recordando a León Felipe Camino)
por Silvia Bakirdjian
“Ni es un dragón
ni es un juguete, Marta.
Es un regalo religioso,
el último regalo del Señor.
Para que no te pierdas demasiado
en el trajín de la casa;
para que no digas ya más,
primero es la obligación que la devoción
y para que no te distraigas en el templo
pensando en el horno, en la rueca
y en el esclavo perezoso.
LA MAQUINA (The Labour-saving Machinery)
“Versos y oraciones de caminante”
(Nueva York,1929)
Siempre al releer estos versos surge en mi verbo interior (ése que nunca descansa, no sé si para mi bien o mi desgracia) un comentario que dice más o menos así: “es inútil; aún disponiendo a su antojo de los servicios más sofisticados capaz de brindarle la técnica moderna, Marta nunca descansará. Probablemente, en la misa de once o en la casa quinta suburbana seguirá preocupada pensando si no hubiera sido mejor desconectar el frizer, cambiar la marca del jabón en polvo o encarar de una vez por todas a la mucama para que no le vuelva a faltar justo el lunes, cuando más la necesita!”
En mi adolescencia menospreciaba a Marta y me deslumbraba la figura de aquella Maria que, según el relato evangélico (Lucas X,38), “eligió la mejor parte”: arrojarse a los piés de Jesús, untarlos con perfume, disfrutar con su sola presencia. Un “no-hacer” místico, sagrado, quizás la forma suprema del hacer y del existir.
Me complacía imaginarme para siempre entre aquellos capaces de gozar sólo en la búsqueda de los más puros y “altos” valores del espíritu. Prefería identificarme con el retrato de Simone de Beauvoir tal como ella misma se describe en sus “Mémoires d ‘une jeune fille rangée”:
“En octubre, estando la Sorbona cerrada, pasaba mis jornadas en la Biblioteca Nacional.( …) me regocijaba escapar al ceremonial de la comida en familia; reduciendo el alimento a su verdad, me parecía dar un paso hacia la libertad (…). Yo también participaba en el esfuerzo que hace la humanidad por saber, por comprender, por expresarse (…)”
En mi caso personal confieso que nunca me faltó una Marta abnegada, esperándome hasta la medianoche con el plato de sopa caliente, a la vuelta de la Facultad.
Y hoy yo también soy Marta. La naturaleza se encargó de ello. Me tendió las redes usando sabiamente las mismas armas de Maria: el Amor que lleva al matrimonio que lleva a los hijos que lleva al lavarropas. En suma, una familia cuyo sostén cotidiano va reduciendo los alcances de nuestra mirada y va disfrazando de postergación lo que no es sino un lento claudicar.
¿Cómo desandar toda esta marcha que parece involutiva? ¿ Hay que desandarla? No.
Requeriría un esfuerzo sobredimensionado para nuestra condición actual, una resistencia “contra naturam” casi imposible de sostener por mucho tiempo (y probablemente interrumpida por el grito del bebé). Las “sirenas domésticas” que encadenan a ese Prometeo subyacente en nosotros, al que quiere lanzarse heroicamente a la aventura de “dar testimonio de la luz” (cfr. León Felipe: “Ganarás la luz”, El poeta prometeico, México, 1942) son demasiado fuertes como para presentarles batalla.
¿Y si ensayamos un camino inverso?
Podríamos empezar intentando una revalorización de esa “Marta- Naturaleza” cuya poderosa virtud instintiva nos curó tantas heridas, cuyos bálsamos e infusiones atenuaron el desconsuelo de tantas derrotas al regreso de las batallas quijotescas (El Quijote, encarnación hispánica del poeta prometeico para León Felipe).
Así como ladinamente supo Marta desviarnos del derrotero de las estrellas, así también sepa esta María despojada de sus dioses usar las armas de su compañera, seguir su corriente, atender sus reclamos.
De este modo, dócil y complaciente, aunque no sin cierto disimulo, buscará la ocasión de cambiarle el signo a lo cotidiano, de transformar con astucia el círculo del eterno retorno. Usando el impulso de la flecha que no pudo volar, irá construyendo una espiral que le permita encaramarse hacia lo Alto.
“Hay que frotar los vidrios de la ventana, Maria”. Estas son las ventanas que abren mi casa al sol, al cielo estrellado, al viento, a los amigos, al forastero suplicante y al universo entero. “Hay que cocinar para él, María”. Este guiso es el brebaje mágico donde los encantos femeninos se complotan para seducirlo como la primera vez y, por lo tanto, esta olla es el atanor cósmico que propicia la cópula fecunda entre cielo y tierra.
“Hay que barrer, Maria” . Este gesto de mi cuerpo puede reeditar una y otra vez la decisión de liberarme de todos los deshechos de un pasado muy “usado” que me impide seguir creciendo.
Entonces, en lugar de regresar al adolescente que plantea sus ideales en oposición a este mundo de lo cotidiano, nos encaminaríamos hacia una síntesis de Marta y María, a través de un recorrido más largo y trabajoso pero tal vez por ello mismo más apropiado a nuestra condición de hombres, mitad bestias y mitad ángeles; seres que transitan peligrosamente por esa “cuerda tendida sobre el abismo”, de la que habló Nietzsche, como pasaje al Superhombre (cfr.”Also sprach Zaratustra”,I,4), o por esa metamorfosis azarosa que, según León Felipe, nos puede redimir del gusano para transfigurarnos en mariposa (cfr.”Parábola y Poesía” ).
POEMA AL QUERIDO NEGRITO
ROBERTO FONTANARROSA
Rosario te acuna,
tu alma sonora bailará por siempre
acompañando la copa que quedó vacía
en el bar EL CAIRO donde acariciabas vida.
Se nunca marcharás
Vivirás por siempre en letras y dibujos
caricias de tus manos en limpios papeles
con olor a risa y trinar de cascabeles
Del lugar donde te encuentres
quiero dedicarte esto.
LA MALA PALABRA…
A quien lastimaste con la m…
que tanto querías
los humanos ponemos barras cuándo
detrás de todo encuentras la m…escondida
En el hijo de la calle ,en la soledad
en la falta de caricias
en desprecios vanos y en el saludo ingrato
del abandono humano.
Felicitaciones ALMA!!!
lograste tu propósito ,aunque grandes literatos
se escondan y pongan el recuerdo en tu firma
que quedó grabada en letras doradas
por tu sencillez y con mucha honra.
POEMA EDITADO EN EL LIBRO “PUENTES DE PALABRAS V”
ABRIL/2008-ROSARIO-ARGENTINA
AUTORA :ANTONIA LUJÁN VÁZQUEZ DE ARGENTINA.
La leyenda del calafate
Los ancestros, hijos de la Tierra, han contado esta historia de amor, desde mucho antes que llegara el hombre blanco, hijo de los barcos.
En tiempos inmemoriales, los dioses de los tehuelches más australes, habían dividido el cielo y la tierra, el día y la noche…
En la tierra de esos tiempos, cuando la luz era eterna, los hombres no conocían del odio ni el rencor; los pueblos eran fraternos entre sí, y sólo tomaban de la Madre Naturaleza lo que necesitaban para vivir.
Mansas, las bestias se sometían al Hijo de la Tierra, para su sustento y su supervivencia…
Los frutos del mar, de sabor delicado y exquisito, también se entregaban a las laboriosas manos de los hijos de la tierra, tras jornadas arduas de trabajo.
Cada estación traía buenas nuevas a la gente que vivía a expensas de un mar siempre embravecido; la dama blanca se desplomaba cada invierno, trayendo consigo el abrigo de algún quillango hecho de piel de guanaco.
Los seres que vivían en el cielo nunca se mezclaban con los que habitaban en la Tierra; ni los que deambulaban en la noche, jamás se reunían con los que pululaba en el día, así se mantenía un cierto orden entre todas las criaturas.
De ahí que los hijos de la tierra jamás podían juntarse de los hijos del cielo; cóndores, águilas, gaviotas y cormoranes recorrían la Cordillera con total plenitud, no temiendo que el hijo de la tierra intentara su caza, tal como ocurriera siglos después.
La Noche era un cubil para un montón de criaturas que recorrían esta tierra cuando el hombre descansaba, zorros, conejos salvajes y visones salían de sus cuevas para alimentarse.
El clima era inhóspito, crudo en los meses de julio y agosto, pero la gente vivía en comunidad, y sobretodo, en paz.
Pero el hombre estaba solo. Entonces su Dios tomó arcilla del suelo y creó a la mujer; la hizo morena, como el color de la estepa patagónica, sus ojos color del cielo, y del mar y una cabellera larga como las algas marinas.
El tiempo fue transcurriendo, los hijos de la tierra aumentaban en número; hasta que un día, los hijos del hombre encontraron en un turbal cercano, a una mujer de piel blanca como la nieve misma.
Estaba casi muerta por el frío. Estaba pálida y apenas su corazón latía. Los hombres de la tribu la abrigaron con unas mantas hechas de lana de oveja, y sin dudarlo, la alzaron en andas y decidieron llevarla a su comunidad.
Nadie sabía quién era aquella bella mujer. Permaneció unos cuantos días inconciente y sin emitir palabra alguna. La fiebre de su cuerpo fue asistida y curada por las mujeres más antiguas. Ningún hombre tenía permitido verle la cara, por temor a que su exótica belleza los obnubilara.
La llamaron “Calfañac”, que en su lengua quería decir “la más hermosa”.
Calfañac despertó un día y le contó a la gente que la había recogido, que venía de otras latitudes muy lejanas; que su gente la había abandonado por considerar que una mujer blanca traía malos augurios. También dijo ser hija del cielo, que de noche se transformaba en un cóndor de alas plateadas con las que acariciaba los picos de las montañas.
Su gente también sabía que los hijos de la tierra y los hijos del cielo jamás se juntaban, por lo que le dieron alimentos hasta que se hizo lo suficientemente grande, después, en pleno bosque austral, la abandonaron a su suerte.
Así fue como un día una de sus alas quedó muy mal herida.
Esto la obligó a permanecer en la tierra, y a expensas de un clima crudo.
Calfañac fue aceptada por la gente de la comunidad y poco a poco se ganó el cariño de todos, especialmente de Ateinik, que en su lengua quería decir “el hombre rudo”.
Ellos se acercaban cuando nadie los veía; Calfañac se transformaba en hija del cielo ante la mirada atónita de Ateinik, que, embelezado por esa mujer, un buen día le confesó su amor.
Pero al ser hija del cielo, este amor no podía ser posible y Ateinik lo sabía. Entonces le pide a su dios que le quite las alas a Calfañac, y entonces al dejar de ser hija del cielo, ningún ser pondría ninguna objeción.
Su Dios contempló lo ruegos de Ateinik y una noche de verano, envolvió a Calfañac con una estela de luz que la elevó hasta los más alto de la cordillera de los Andes.
Ateinik temió por su vida y la buscó durante días enteros. Casi llegando al otoño, Calfañac reaparece en su vida, reprochándole el hecho de haberla dejado con los pies sobre la tierra.
Ateinik le explica que en virtud de su amor, debía renunciar a la potestad de ser hija del cielo.
Calfañac acepta entonces y como amaba demasiado a Ateinik, decidió empezar junto a él una nueva vida.
Pero los dioses no concedieron este favor gratuitamente. A Ateinik le dijeron que como las cosas conservaban un orden en la naturaleza, alterar ese orden traería serias consecuencias para su gente.
Una época de hambruna se desató en la tierra. Ningún pez, ninguna almeja salía a la superficie.
Los hombres asolados no comprendían por qué su Dios los castigaba con semejante catástrofe.
En el fondo, Calfañac sabía que toda esa tragedia se debía a la trasgresión acaecido en pos de su amor por Ateinik.
Los sabios de la tribu desterraron a Calfañac, culpándola de todos sus males. Un buen día, mientras ella dormía en su tienda, la envolvieron en mantas, y le recomendaron a los hombres más fuertes que la llevaran lo más lejos posible, creyendo que al estar ella lejos, todo volvería a la normalidad.
En contra de su voluntad, Calfañac fue llevada al centro de la isla, allí donde los hombres eran desconocidos y hablaban una lengua que ella tampoco conocía, con la esperanza de que en su tierra, todo mal cesaría.
Ateinik, al despertar de su sueño, no halló por ningún lado a Calfañac; nadie quiso decirle entonces dónde estaba su amor.
No conforme con las respuestas escuetas que le daban los hombres de la tribu, una mañana de otoño, toma alguna de sus ropas y elementos de caza y sin pensarlo, emprende su búsqueda.
Días y noches, la buscó por las montañas, la buscó por los turbales y bosques, la buscó por las orillas del canal, no encontrando ninguna señal que lo ayudara a encontrarla.
Desesperado porque el invierno se aproximaba, Ateinik, en un ruego desesperado, le pide a su Dios que le ayude a encontrar a su amada.
En sueños, un cóndor de alas plateadas se le aparece y le señala con sus alas, un lugar muy distante de donde estaba; ve con sus ojos, la meseta patagónica en todo su esplendor, rodeada de un pastizal color oro que tapizaba del piso, cual simiente de trigo.
Al otro día, sabiendo por instinto, dónde podía encontrarla, emprende el largo camino hacia el centro de la isla.
Ya desesperado, cansado y casi muerto de hambre, una mañana a lo lejos divisa un pequeño arbusto, cerca de él ve una figura recostada.
Inmediatamente corre temiendo que se trate de su amada.
Efectivamente allí, debajo de este arbusto estaba Calfañac, apenas con un susurro, le dice a Ateinik: “No me abandones, quédate conmigo hasta que el manto de la nieve me cubra”.
Dicho esto, Calfañac exhaló por última vez. Ateinik permaneció junto a ella hasta que su cuerpo adquirió un color morado debido a que la sangre que se coagulaba en su interior.
Ateinik no quiso dejarla. Decidido a que la vida sin ella no tenía sentido, se quedó abrazándola hasta que la muerte también vino a reclamar por su alma.
Los hombres de la tribu al notar que Ateinik no regresaba, emprendieron su búsqueda.
En el medio de la estepa divisaron las ropas ajadas de Ateinik y Calfañac, pero no había rastros de ellos; en su lugar había un pequeño arbusto con espinas y con pequeños frutos de color morado
Dicen los ancestros que Ateinik se quedó en forma de espina para proteger a su amada Calfañac de las fauces del viento voraz de la patagonia.
De ahí surge la leyenda del calafate, la unión de dos seres que se amaron hasta la muerte. Por eso, el calafate siempre nos congracia con sus frutos de color morado al llegar el otoño, con un exquisito sabor ácido y medio amargo, que nos recuerda el sinsabor de este romance fueguino.
Y como Ateinik eligió quedarse en ese lugar junto a su amada, los ancestros han contado a lo largo de los años, que quienes prueban los frutos de este noble arbusto sureño, se quedan en esta hermosa tierra para siempre.
Hoy en día pocos conocen esta leyenda, debido a que ya casi no quedan vestigios de la cultura yámana en Tierra del Fuego, pero sí todos conocen el hecho de que si uno prueba calafate de un arbusto perdido en el campo, se enamora de la isla al punto de no regresar jamás a su tierra natal.
FIN.-
UNO DE TANTOS CUENTOS: UNA CARTA PARA RENATA. LA HISTORIA CON FIN
Con esto que yo te cuento
lo que francamente intento
es que no tengas duda alguna
de que lo que tiene de cierto
es realmente el ciento por ciento
y que fue todo un acierto.
No lo creas un invento.
En resumen esta historia yo te cuento
y una carta yo te muestro
pues con ella te demuestro
que se trata de un gran reto
y que no es de los puros cuentos,
pues la prueba te presento.
Arnaldo al principio
deshecho se sintió,
pero al pasar el tiempo
de algo cuenta se dio:
su viaje corto al desierto
no fue ningún desacierto,
mas para Renata
¡sí fue todo un desconcierto!
He aquí lo que pasó:
Arnaldo el desencuentro aprovechó
y la idea del reencuentro por completo desechó
y así fue que el compromiso largo trecho no duró,
sino que por el contrario, bien maltrecho terminó
por la sabia decisión
del hombre al que Renata
de tonto siempre tildó.
Verás, lo que ha sucedido
es que Arnaldo,el petizo,
se dio por fin el permiso
de romper su compromiso.
Y por consejo de un amigo
fue por medio de una carta
que a su novia se lo dijo.
Resultó ser que la ocasión
propició la separación,
y a la arrogante Renata
el tiro finalmente
le salió por la culata.
“Una carta has de escribirle,
para así poder decirle
que la unión se ha terminado
y que tú lo consideras
un caso más que cerrado;
déjate de lamentos
y termina ya con los cuentos”,
su amigo le aconsejó
y Arnaldo se decidió.
Querida Renata:
Sé bien que “querida”,decirte no debería, ya que caí en la cuenta de que no lo merecías y porque de ahora en más no correspondería, pero te llamo “querida”, pues lo hago por última vez como gesto de cortesía.
Te escribo para que no te vayan con cuentos, pues presiento que los cuentos es lo que con mi ausencia fomento, y te enteres de mi propia boca, que dejarte no lamento.
Decías sentirte agobiada, y por mi presencia maniatada; seriamente lo pensaste y de viaje me enviaste. En ese instante creía que al separarme de ti el corazón se me partíría. Pero te cuento que vivito y coleando me encuentro. Tuve un amoroso encuentro con una chinita moza, que no es “doncella” como tú, pero es humilde y muy hermosa.
¿Recuerdas Renata que para conquistarte te compuse una cantata, te canté una serenata, te llevé a ver la Traviata y hasta paseamos en fragata? Y aunque eso te embelesaba, ni un solo beso te robaba. En cuanto tu mano tomaba y mis labios a los tuyos acercaba, con una perorata tú empezabas: “¡Petulante, mentecato, compórtate con más recato! ¿Acaso te creías que a una dama como yo con zalamerías la convencerías?” Ofendida, agraviada, decías que te sentías, y que tu perdón sólo obtendría si una enmienda recibías.
Mas hoy debo agradecerte, ya que la distancia me ayudó a despejar la mente y comprendí, afortunadamente, que no tengo miedo de perderte. Así, este viaje tan reciente se ha tornado permanente, pues te escribo desde lejos y aún no emprendo mi regreso.
Conocí a mi Dulcinea, que me quiere como soy: perezoso, narigón, peticito y retacón. Lo que canto a ella le encanta, y no preciso conquistarla con violines ni guitarras, pues con sólo una pancarta me entregó todo su amor. Se conforma con lo simple y es de lo más sensata; es que mi Dulcinea posee belleza innata. Y cuando estoy con ella, como en un sueño me siento, pues es la ansiada princesita que suelo ver en los cuentos. Ella no es “nariz parada” y mis gestos amorosos,que tanto te disgustaban, a ella más que desagradables le parecen muy amables.
Con el tiempo he comprobado que siempre me has rechazado, porque eres engreída, remilgada, refinada, mojigata interesada, que de recatada realmente sí que no tienes nada.
Y perdona si la forma de mi aviso del final del compromiso es muy poco decorosa y hasta un tanto maliciosa, la verdad ya no me importa porque sé que para ti siempre fui muy poca cosa.
Espero que no te sientas desairada.
No me extrañes. Que seas feliz.
Arnaldo
Post data: Te envío esta postal de la Quebrada de Humahuaca. En el paisaje se observa el ejemplar de una guanaca. ¿Te acuerdas de que tan lejos me querías que allí prometí que me instalaría? Bueno, ahí conocí a mi ñata. Y las fotos que te mando son de mi estadía con ella en Uspallata; las tomamos en las largas caminatas, que me ahorraron mucha plata, y me resultaron muy gratas, porque lo único que gasté fue la suela de mis alpargatas. Y lo grato es que de a ratos Dulcinea me da fuerza porque me da la mano sin vergüenza y más de un beso le arrebato. ¿Te percatas de ello, Renata? Pues las fotos lo delatan. Son la prueba más fehaciente de que todo lo que cuento tiene mucho de verdad y nada de puro cuento, y con ello te demuestro que mi historia concluye como en los bellos cuentos, en los que los enamorados comen perdices y son por siempre muy felices.